¿El Cerebro necesita Azúcar? – La Gran Confusión Nutricional
Esta semana llego a mis manos un libro de Miguel Rondón que se relaciona con el cerebro reptil y el sistema de recompensa. Una obra muy interesante y que de una manera muy ilustrativa nos lleva por el camino de lo que hemos venido presentando en estas entregas. Entre al blog del Sr Rondón y descubrí este post el cual hay que difundirlo entre todas las personas de manera de abrir la conciencia hacia el logro de un mejor bienestar individual. Somos muy inteligentes por que nos han premiado con una neocorteza y dos hemisferios. Con un pre córtex que posee funciones ejecutivas. Pero, de la manera que actuamos pareciera que no fuéramos lo suficientemente inteligente. Aca, les dejo con esta recopilación de un tema fundamental para nosotros. El cual revela como estamos envenenando nuestro cuerpo y como otros que entienden mejor al reptil están manipulando las masas, haciendo trampas que aparecen legales que nos conllevan a un malestar general.
No, si visualizamos el azúcar como esa sustancia blanca, uniforme y refinada que el 99 % de la población guarda en su cocina y que utiliza para endulzar el café, la leche, etc.
No, si visualizamos mentalmente los miles y miles de productos del mercado que lo llevan añadido expresamente para enganchar al consumidor.
En español, la palabra azúcar está mal entendida, mal formulada y no parece que haya nadie interesado en solucionarlo.
Una gran parte de la población piensa que necesita azúcar refinada o blanca para vivir, lo que no es cierto.
Lo que necesita el cerebro es glucosa. Lo que consumen nuestras células es glucosa.
El idioma español está mal diseñado, o al menos, desajustado, y ello repercute negativamente en nuestra salud.
Esta es la definición que nos ofrece la Real Academia de la Lengua. Azúcar:
1. Sustancia cristalina perteneciente al grupo químico de los hidratos de carbono, de sabor dulce y de color blanco en estado puro, soluble en el agua, que se obtiene de la caña dulce, de la remolacha y de otros vegetales.
2. m. o f. Quím. hidrato de carbono. U. m. c. m.
Hay distintos tipos de azúcares (hidratos de carbono): la glucosa es un azúcar, la fructosa es un azúcar, la lactosa es un azúcar, la galactosa es un azúcar…
De ahí la confusión. Dos significados para una misma palabra dan lugar a que muchos piensen que lo que necesita nuestro organismo es el \»azúcar\» refinado, el de mesa, el de 60 céntimos la bolsa de un kilo.
El cuerpo necesita de tres nutrientes: Proteínas, Hidratos de carbono y Grasas. Pero no necesita el epígrafe primero del que estamos haciendo referencia.
Los hidratos de carbono se procesan y nos proporcionan GLUCOSA, que es la forma de energía que consumen nuestras células.
La azúcar refinada, también conocida por sacarosa, se transforma en glucosa y fructosa. Es una de las muchas formas de obtener glucosa, pero la que está causando epidemias de obesidad, diabetes, cardiopatias, etc.
Pero la glucosa, que es lo que necesitamos, se puede obtener de todos los demás alimentos. Arroz integral, cereales integrales, legumbres, fruta, etc. No necesitamos azúcar refinada añadida, ni azúcar morena, ni miel, ni aspartamo, ni dextrosa, ni jarabe de maíz alto en fructosa, aunque millones de personas creen que los necesitamos.
En cuanto a las frutas, contienen fructosa que nos proporciona todos los beneficios si se consume en su forma natural, con toda su fibra, vitaminas y minerales.
Si la tomamos concentrada o en zumo, ya no no la reconoceríamos igual, e incluso podría llegar a ser contraproducente.
El salto glucémico es demasiado alto debido a que entra casi directamente en el torrente sanguíneo. Se digiere demasiado rápido y el páncreas debe segregar un latigazo de insulina para asimilarlo, pudiendo producirse posteriormente un bajón glucémico (debido a la acción de esta insulina).
Por eso sería preferible tomar batidos en lugar de zumos. Alguna pieza de fruta con verduras, por ejemplo. Podemos encontrar en la red cientos de recetas ricas y sanas con un gran aporte de fibra.
Si no presentamos ninguna especificidad, consumir un zumo natural sin azúcar añadido de vez en cuando no nos enfermará de diabetes u obesidad (pero insisto en que siempre es mejor optar por el \»paquete\» original). El jarabe de maíz alto en fructosa puede ser igual de perjudicial que el azúcar refinada. Tampoco lo necesitamos, y está en casi todas partes, como el azúcar refinada, aspartamo, glutamato monosódico, harinas refinadas, etc.
¿Te pierdes? Si llevas una dieta rica en verduras, hortalizas, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y otros productos sin etiqueta, no tendrás que partirte más la cabeza. Insisto en que no necesitamos ningún tipo de azúcar añadido, o de lo contrario, no hubiéramos sobrevivido durante las últimas decenas de millones de años. Parece que a nadie le interesa aclarar una confusión tan extendida y perjudicial.
Además, como la obsesión por el azúcar es tan fuerte, el negocio también lo es. Diversos estudios muestran similitudes entre las moléculas de azúcar y cocaína, y que ambas producen cierta dependencia psicológica.
¿Es extraño entonces que los niveles de obesidad y de diabetes se dupliquen año tras año?
¿Es extraño entonces que nuestra salud y la de nuestros hijos sea de peor calidad a medida que pasan las décadas?
¿Es extraño entonces que pasemos tanto tiempo frente al espejo intentando planificar lo que vamos a hacer para rebajar esos kilos que se nos han adosado a nuestra cintura misteriosamente?
La respuesta está en la información nutricional. No en el gimnasio, ni en la Coca Cola o el Cola Cao light.Hay que desintoxicarse de la desinformación interesada de las grandes empresas.
Las empresas no te dicen lo que tú necesitas, sino lo que ellos necesitan vender.
Resumiendo, lo que necesitan las células es glucosa, y un cuarto de lo mismo ocurre con el cerebro.
La azúcar refinada, con el consumo actual, perjudica nuestra salud y causa cierto nivel de adicción que una gran parte de la población no puede manejar, como tantas drogas.
El problema es que se encuentra en todas partes, es omnipresente y tan \»sabrosa\» que nos resulta difícil no consumirla en grandes cantidades.
La glucosa alimenta a las células y procede de casi todos los alimentos.
Los problemas derivados de su consumo se deben a la obsesión –u adicción− que sentimos por el sabor dulce amplificado (mediante el refinado), imitando y amplificando los sabores dulces naturales procedentes de las frutas. Debemos saber que los edulcorantes como aspartamo, sacarina, etc., no son mucho mejores y no funcionan como remedio adelgazante.
Un buen número de estudios comienzan a destapar los efectos perniciosos de estos edulcorantes artificiales (otros estudios demuestran lo contrario, aunque yo me decanto siempre por lo natural en contra de lo artificial, y por el agua en lugar de las bebidas azucaradas o edulcoradas artificialmente).
Pero las grandes agencias alimentarias quitan hierro al asunto, y afirman que solo afectan negativamente a nuestra salud si tomamos grandes cantidades o cantidades no moderadas.
Como consumes una dieta variada, si sufres una gran enfermedad nadie podrá asegurar a ciencia cierta que ha sido debido a \»su producto\», puesto que también consumes otros alimentos. Y si te lo crees, sólo lo pagas tú.
Pero cualquier sustancia perniciosa lo sigue siendo aunque sea consumida en pequeñas cantidades.
Lo mejor es vivir sin obsesionarse por el dulce, renunciar a la ultra-palatabilidad, volvernos adictos al sabor natural de las naranjas, manzanas, dátiles, etc. Endulzar los alimentos debería ser una excepción, no una gratificación tres veces al día, siete veces a la semana, cincuenta y dos semanas al año.
Algunos relacionan el sabor dulce y el subidón glucémico, con la felicidad.
¿Si no tomas un dulce tras una comida no eres feliz? Pues quizás sea el momento de que nos replanteemos nuestro concepto de felicidad. Cuando eras pequeño y te visualizabas en el futuro, seguro que no soñabas con comer postre tres veces al día para alcanzar la felicidad.
Algo va mal.
Seguramente tenías otros objetivos, y entre ellos debía estar la salud física y mental en lugar de la enfermedad y la adicción. También mencionar que ahora nos están colocando grandes cantidades de jarabe de maíz alto en fructosa, que es equivalente al azúcar y causa efectos similares.
En la etiqueta suelen destacar que no lleva azúcar añadido.
Bendita manipulación dialéctica.
Tomado del Cerebro Reptil. Descifrando el código del Cerebro Primitivo (Reptil). Blog de Miguel Falcón