Cuando evaluamos la teoría del cerebro triuno, me quedo con las enseñas de Elaine de Beauport (Q:E.P:D) quien me enseño hace más de 30 años que somos energía, que las leyes no solo de la física están quedando atrás y nos adentramos al mundo de la física cuántica. Somos energía cuántica. Tenemos que prepararnos para vivir en estos tiempos de los tres cerebros y de las relaciones humanas y con el medio ambiente mucho más productivas

Toda vida es energía. Yo soy energía y mi cerebro es energía y la energía es vibración. ¿Qué tipo de vibraciones gobiernan mis estructuras cerebrales? ¿Qué tipo de vibraciones me permitirán tener acceso a ellas? Resulta obvio que mi mano vibra a una velocidad mucho menor que la de mis ojos, mi corazón a una velocidad a la de mi pierna. Cada una de estas estructuras físicas es diferente y, por lo tanto, vibra a velocidades diferentes. Debido a que las tres estructuras cerebrales son físicamente diferentes, también deben vibrar a velocidades diferentes.
Nuestros cerebros son fantásticos y en cada persona vibran las neuronas para hacer cuatrillones de conexiones dependiendo de cada uno de nosotros. Hay cerebros que están en una constante búsqueda de respuestas, de nuevos encuentros, nuevas asociaciones y yuxtaposiciones, mientras que hay otros que están más quietos, tranquilos y en una zona de confort que ha creado el hábito de la rutina.
Como es bien conocido y demostrado por las neurociencias, cada persona que abre sus sentidos a la naturaleza y se expone a más experiencias y vivencias, esa persona hace más conexiones sinápticas y genera un mapa individual más rico, más grande que otro que es sedentario. Por eso nuestro desarrollo va a depender siempre de lo que hagamos, de las nuevas conexiones, nuevos mapas y nuevos encuentros o experiencias.

Pero al final de todo quiero decirles que somos esa fuente de energía generada por alguna magia que ocurrió hace muchos años. Alguien puede ser místico, religioso y espiritual y creer en lo que quiera creer. No está mal creer en un ser supremo, en un origen divino, todo eso es bueno si lo canalizamos de la mejor manera.
Nos hemos escapado un poco de lo interior y nos hemos concentrado más en lo material, en el poder de tener cosas, amar los bienes como si no los fuéramos a llevar cuando nos toque morir. Allí radica mucho de nuestros males como sociedad, no entender que somos seres sociales, que nuestros cerebros primitivos necesitan de lo social, de pasar rato con amigos, de entender a otros, de sentir amor, placer y de acuerdo a las neuronas, espejo sentimos lo que sienten aquellos que están en nuestro círculo interior.
En resumen podemos decir que hay una energía atractiva; una fuerza eléctrica poderosa; algo que hace que todo se mueva en el universo. Podemos llamar a esa energía: “Dios”. Podemos creer que esta fuerza atractiva hace que cada hoja de los árboles caiga por su propia voluntad. Podemos creer que esa energía existe dentro de nosotros y sentir su poder; o podemos tener indiferencia y descreer por completo de todo ello. Lo cierto es que somos seres de libre albedrío y cada quien “elige” iniciar un camino de aprendizaje y práctica o simplemente ignorarlo.
Hasta el año 1981 la inteligencia humana era considerada primordialmente una inteligencia racional y, desde la perspectiva de la investigación sobre el cerebro, esta inteligencia ocurría en el hemisferio izquierdo de la neo corteza. El investigador Roger Sperry ganó el Premio Nobel de Medicina en 1981 al descubrir que el hemisferio derecho de nuestro cerebro también contribuye a la inteligencia humana. Aun así, su trabajo se refería únicamente a los dos hemisferios de la neo corteza, sin mencionar las importantes estructuras cerebrales que yacen justo debajo de ella. Para abrir caminos hacia lo que ha sido llamado «el inconsciente», las investigaciones sobre el cerebro de Paul Mac Lean, han sido fundamentales.