Reflexiones del mundo y del nuestro

Parece que por donde miremos el mapa mundi, nos encontramos con tantos problemas, confrontaciones y enfermedades. Pareciera que de los cerebros el que manda es el reptil.

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Definitivamente que el hombre en su lucha por el poder, casi siempre, individual, sin tomar en cuenta a las masas. Aunque llamemos a los regímenes democracia, los gobernantes están siendo manejado por su cerebro reptil. La joya de la corona que se le ha proveído (la neo corteza) no la están utilizando mucho y el sistema cerebral límbico; del amor y el afecto está como dormido. Y así vamos transitando por un mundo lleno de peligros y de grandes retos.

El planeta lo estamos destrozando, cada día contaminamos más y préstamos menos atención a la familia, a los niños y a los adultos mayores. ¿Cuántas generaciones nos ha tomado para que el desarrollo de nuestros cerebros haya llegado al punto en el que estamos?. Un cerebro neocortical, grande con sus funciones ejecutivas, capaz de hacer cosas extraordinarias. Esa neo corteza que nos diferencia de las otras especies que habitan en el planeta. Pero la realidad es que un alto porcentaje del homo sappiens actual se comporta como si fueran simplemente orangutanes o gorilas.

Hay que encontrar la vía para que los países, las comunidades y las familias se manejen con equidad en los tres cerebros. Que haya razonamiento, sentimiento, intuición, amor y también instintos. Encontrar ese balance entre pensar, actuar y hacer por el buen fin de todos es la prioridad ahora.

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A continuación mi reflexión:

Vamos aprendiendo a ser de acero. A cerrar los ojos, a no decir lo que decir quiero, a ser manejado como una marioneta.

A utilizar armazones en todo el cuerpo. No queremos compartir con otros, ni emociones ni risas. Caminamos en piloto automático llenos de veneno y frustración.

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El miedo ha entrado en nuestro torrente sanguíneo y nos cambia la vida. Se nos olvidó llorar porque nos da lástima que nos vean heridos.

Vivimos huérfanos de fuerza pero sin mostrar el flanco débil. Somos víctimas, preferimos esconder todo lo malo.

Creemos que la historia que vivimos es nuestra, solo mía; Sin darnos cuenta de que todo un pueblo tiene la misma

Seguimos caminando en círculos sin saber hacia dónde vamos. Pero contentos porque aún andamos. No han roto las rodillas, pero nos han dado las muletas.

Y así continúa creciendo un círculo, un huracán, Un volcán de ideas erupcionándose y de sentimientos calentándose para estallar. Vivimos en un cementerio en el que enterramos un pedacito de nosotros cada día.

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