Es apasionante cuando se mezclan dos temas tan importantes para todos nosotros como es el amor y el tema de los cerebros. Hoy en día con la implementación de la teoría de los tres cerebros y las investigaciones asociadas a dicha teoría se estan descubriendo interesantes respuestas a preguntas que hace unos años estaban en el aire. Vamos a compartir este fabulos artículo de la revista Semana, esperando que les guste mucho
¿Por qué nos enamoramos de dos personas al mismo tiempo? ¿Por qué nos obsesionamos con un amor? Los últimos estudios científicos demuestran que el amor funciona como una enfermedad. Silvia Camargo, editora de vida moderna de Semana, explica cómo se contrae y cómo se sana.
Si a todos los seres humanos se les diera un manual con las instrucciones sobre cómo funciona el cerebro enamorado todo sería más fácil. Probablemente no nos salvaríamos de los dolorosos despechos ni de enamorarnos de la persona equivocada. Pero saber un poco más sobre las reglas de este juego que la naturaleza puso a jugar a todos en este mundo para aparearnos con el sexo opuesto sería mejor que llegar al partido sin saber cómo se mueven las fichas.
Saber, por ejemplo, ¿qué fuerza poderosa lleva a alguien a comprar un costoso tiquete, montarse en un avión y cruzar el océano para ver a un extraño que acaba de conocer? O, ¿por qué una mujer que ama a su esposo puede enamorarse de otro?, o mejor aún, ¿por qué ante el rechazo de un hombre, algunas mujeres no tiran la toalla y, por el contrario, se obsesionan con él?
Hasta hace muy poco el amor era un misterio al que solo se le medían los poetas y los filósofos, y se suponía que para obtener respuestas a esos interrogantes había que buscar en los poemas y en los clásicos de la literatura. Pero desde hace un tiempo los científicos han empezado a escudriñar en el cerebro para ver qué sucede cuando el cerebro está tragado: cómo se producen las mariposas en el estómago, por qué tanta euforia cuando dos enamorados se encuentran, qué es lo que pone el corazón a mil.
Una de las científicas que ha llegado más lejos en el tema es Helen Fisher, una antropóloga de la Universidad de Rutgers, en Nueva York, quien empezó su investigación en 1996 y en enero publicó el libro Why welove con los resultados de estos ocho años de trabajo.
Para su investigación Fisher colocó un aviso en la universidad invitando a los estudiantes que estuvieran enamorados. A los seleccionados les tomó imágenes del cerebro con un moderno aparato (Functional Magnetic Resonance Imaging) mientras observaban fotos de sus amados. Luego la especialista analizó las imágenes del cerebro para detectar dónde había mayor actividad en el preciso instante en que miraban la foto de su amor.
El amor está en el cerebro
Woody Allen decía: \»mi segundo órgano favorito es el cerebro\» Si hubiera tenido más información es muy probable que el director de cine hubiera colocado en el primer lugar de su lista de órganos preferidos al cerebro, pues allí es donde sucede todo. Fisher encontró que una de las áreas donde se produce el amor es el núcleo caudato, localizado en el cerebro reptil, el más primitivo de todos. Evolucionó por lo menos 56 millones de años antes de que los mamíferos proliferaron en la Tierra y desde allí se controlan los instintos animales.
Aunque es la parte más vieja del cerebro, sólo hasta hace poco los científicos encontraron que es el lugar donde una persona se estimula y motiva y donde se guardan los regalos para premiar a su dueño. Con ese pedazo de cerebro es que alguien puede discernir cuál actividad será más placentera, anticipar cómo se sentirá en determinada circunstancia. También es donde se liberan los químicos que dan la sensación de placer y plenitud.
La otra parte involucrada en el amor es el área tegmental ventral, donde se produce la dopamina, un neurotransmisor que controla la atención, la motivación y el cumplimiento de objetivos. Cuando alguien se enamora, los niveles de este químico suben y ese aumento hace que la persona se sienta enfocada y motivada a cumplir metas.
La dopamina produce la sensación de éxtasis de todos aquellos flechados por los dardos de Cupido. Si hay enamorados intensos, de esos que llaman 20 veces en media hora, es también debido a la dopamina, pues tenerla circulando en el cerebro es como si la persona se hubiera conectado a la corriente para cargar las pilas. Es además el químico responsable por esa ansiedad que se siente cuando a alguien le falta su media naranja.
La dopamina no trabaja sola. Un derivado suyo, la norepinefrina, le ayuda a completar las sensaciones que tienen los enamorados. Esta hormona controla los estados de euforia y la pérdida de apetito y sueño. Es la que mantiene despiertos toda la noche a los que acaban de ser atrapados por las redes del amor. También da cuenta de la buena memoria que tiene un enamorado al recordar con lujo de detalles los momentos junto a su pareja.
El tercer implicado en la sintomatología del enamoramiento es la serotonina, un químico que le impide a la persona dejar de pensar en su media naranja. Y tal vez por este neurotransmisor es que el enamoramiento tiene tanta similitud con una enfermedad mental: el trastorno obsesivo compulsivo. No importa dónde comience una conversación, un enamorado siempre termina hablando de su amor.
La dopamina tiene otras misiones en el cuerpo: una de ellas es estimular la producción de testosterona, el químico del deseo, el detonador de la llama de la pasión. Es la hormona masculina por excelencia, pero las mujeres también la producen en mínimas cantidades. En ellas fluctúa de acuerdo con la época del mes. Como es de esperarse, aumenta alrededor del momento de la ovulación.
Como los químicos del amor son derivados naturales del opio, la sensación no es muy diferente a la que experimentan quienes están bajo un trance de heroína. Y a medida que el enamoramiento avanza se empieza a desarrollar dependencia, tal como lo viven los drogadictos. El enamorado anhela tener a su amor, como el drogadicto a su vicio, y cambia de estado de ánimo fácilmente cuando éste no aparece. En realidad, esa ansiedad es una especie de síndrome de abstinencia porque hay una pequeña adicción a estos químicos que se liberan con ese nuevo ser humano que apareció en la vida.
Si se mira detenidamente, el amor es como una enfermedad porque aun cuando es correspondido los químicos del amor le distorsionan la realidad al enamorado, hacen que tome decisiones más emotivas y, lo más preocupante, no dejan que la persona vea a su ser amado con defectos y cualidades, como debería ser, sino a través de una lente magnificadora que lo engrandece y lo pone en un pedestal.
El amor: un cóctel de químicos
El amor entonces es un cóctel de químicos con un sistema muy bien diseñado para activarse cuando toca y producir sensaciones que los poetas explican con versos hermosos. Eso tan maravilloso llamado amor no es otra cosa que la mezcla de neurotransmisores que ponen al enamorado en la gloria.
Todos estos químicos se interrelacionan y fluctúan a medida que se desarrolla la relación, porque ese estado de drogadicción no dura toda la vida sino lo suficiente para garantizar que haya relaciones sexuales y, sobre todo, descendencia. En el experimento se encontró, por ejemplo, que con el tiempo, las zonas del cerebro que se activan son diferentes y los químicos que se liberan también.
Los que llevaban más tiempo con una pareja presentaron actividad en las cortezas cingular anterior e insular. La primera está asociada con estados de felicidad, con la conciencia de un estado emocional y la habilidad para determinar los sentimientos de los otros, así como con la reacción inmediata para saber si uno ha ganado o perdido. La corteza insular recoge información del cuerpo relacionada con temperatura y tacto y la actividad del estómago. Eso explica las mariposas en el vientre y el corazón palpitando rápidamente.
Los protagonistas de la historia de amor en esta fase son la vasopresina y la oxitocina. La vasopresina, un químico que, al menos en ratones, provoca la necesidad de copular solo con una pareja y mantenerse unido a ella para criar a su descendencia. Es la hormona del instinto paternal y trabaja en llave con la oxitocina.
Entre las especies de mamíferos, la oxitocina se libera cuando las hembras dan a luz pues estimula el ensanchamiento del útero y las glándulas mamarias. En los seres humanos se cree que la oxitocina tiene además una función primordial para establecer la sensación de apego entre una pareja de adultos. Las mujeres segregan esta hormona cuando hay estimulación de los pezones, de los órganos genitales y durante el orgasmo.
En ese momento, los hombres segregan vasopresina y ambos químicos contribuyen, según Fisher, a la idea de fusión, cercanía y apego que ambos sienten cuando hace el amor. Estos químicos son los que permiten que en algunas parejas el amor permanezca, y aunque ya no sea la pasión ardiente del comienzo, los mantenga apegados, seguros y tranquilos en las estructuras familiares.
continuaremos mañana on la segunda parte de este articulo hablando de amar a mas de uno, la addicion y despecho y emociones
tomado de la página web semana.com de febrero 2019