Nuestros 3 cerebros

Cada zona del cerebro humano tiene una función específica: transformar sonidos en habla, procesar color, percibir miedo, reconocer una cara, o distinguir un pez de una fruta. Pero no se trata de una colección estática de componentes, cada cerebro es un caso especial, constantemente cambiante y exquisitamente sensible a su entorno…. 

La neurociencia en la actualidad tiene como meta descifrar cómo son los procesos conscientes o inconscientes que hacen que los estímulos que recibimos del entorno se transformen en nuestros pensamientos o en nuestra memoria.

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Nuestro cerebro se desarrollará dependiendo de lo que cada uno de nosotros experimente y procese a lo largo de nuestras vidas, pero aparte de su carga genética, el cerebro no nace con informaciones registradas. Por lo tanto, podemos afirmar que lo que hace a un cerebro diferente del otro es la complicada red neuronal que las células crean al comunicarse y llevar los estímulos a partir de las experiencias conscientes e inconscientes que vivimos. Al contrario de lo que nuestros más famosos poetas románticos aseguraban, las emociones no están radicadas en el corazón, sino en el cerebro, tal como lo muestra la neurociencia actual.

Cuando nacemos, las redes neuronales, que en su inicio son pocas, comienzan a desarrollarse. Con el tiempo, unas se amplían, mientras otras mantendrán su tamaño y a su vez, nuevas redes nacerán, en un proceso muy importante al cual le atribuimos el nombre de neuroplasticidad cerebral. Esto significa que, al contrario de lo que se pensaba antiguamente, el cerebro se modifica a cada segundo, a medida que interactúa con el medio que lo rodea.

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“Recordamos 5% de lo que vemos, 2% de lo que oímos, 1% de lo que palpamos, 15% de lo que saboreamos y 35% de lo que olemos”.

El cerebro se sirve de los cinco sentidos para captar y procesar la información que le llega del entorno. Es cuando vemos, sentimos, oímos, olemos y tocamos, que el cerebro crea respuestas a estas sensaciones que se manifestarán como sentimientos, acciones, decisiones o pensamientos.

MacLean propuso que en nuestro cráneo anida no un cerebro, sino tres, cada uno representando un estrato evolutivo distinto construido encima de la capa más antigua, como estratos arqueológicos de una vieja ciudad. Tres partes de origen evolutivo secuencial. \»Tres computadoras biológicas interconectadas, cada una con su particular inteligencia, con su subjetividad diferente, con su noción diferente de la trama espacio-temporal y su propia memoria.\» En términos diarios, hablamos de estos cerebros como partes de nosotros mismos, como  la \’ mente \’, el \’ corazón \’, y \’ cuerpo\’.

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El cerebro reptiliano, el  \’ cuerpo \’ se experimenta en el vientre más bajo, y nos da un sentido de la hora y de defensa de nuestros espacios o territorios, nuestra capacidad sexual, nuestras urgencias existenciales y actuales.

 El “corazón” es el sistema límbico, históricamente se ha percibido en el pecho, se lo relaciona con el músculo cardíaco, aún en la literatura y la cultura popular.

 La “mente”, o el Neocortex, es la parte de nosotros mismos que nos identifica como quiénes somos: se percibe en la conciencia.

Cada uno de los tres cerebros está conectado con los otros dos, y aunque evolutivamente el más nuevo y complejo, el Neocortex, recubre a los anteriores, no siempre es el que domina las motivaciones o conductas provenientes de los otros dos cerebros. , más arcaicos y primitivos.

La naturaleza raras veces crea algo completamente nuevo, siempre construye sobre algo existente. Cuando surge una estructura cerebral, lo hace sobre otra ya existente, perfeccionándola y dándole mayor grado de libertad. Va desde el automatismo hacia la independencia.

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