
Estamos en Madrid, una ciudad llena de encantos de tantas cosas que ver y que hacer. Una de las ciudades más visitadas del planeta. Hoy, estos días, Madrid cambio sin querer. Sus calles están vacías, desoladas. No hay huellas en el asfalto y un silencio fúnebre anda agarrado de la mano de la brisa y de las hojas de arboles. Cada día se oyen de miles de defunciones de gente que se adelante en el viaje de la vida. La razón una corona, no de flores sino de un virus que llego de lejos. Un virus que arrasa con los adultos mayores, y Madrid esta llena de personas mayores. Acá se vive mas tiempo en la mayoría de los países del mundo.
Todas las noches a las 8 de la tarde se escuchan aplausos en todas las residencias. Edificios en donde cada ventana o balcón de cada piso abre sus puertas para expresar las gracias a todos los que participan en esta lucha contra el enemigo que ha invadido la ciudad. Aplausos para nosotros mismos, para agradecer a Dios por cuidar de nuestras vidas. Aplausos bulliciosos, estallidos que se oyen en todas las cuadras y duran unos cinco minutos. Se siente un respirar hondo y un montón de alegría al aplaudir y llevar en nuestros recuerdos a toda esta gente que se ha ido y a los muchos que aun están en recuperación. En honor a estos aplausos quise escribir lo que a continuación comparto con todos Uds.
Aplausos de las 8
Faltan cinco para las 8 de la tarde
El día empieza a esconderse
Las calles han estado desoladas
Un vacío fúnebre cubre las vías
Procedemos a abrir las ventanas,
los balcones y mirarnos las caras.
Se oye el deslizar de las persianas
Y sale la gente en cuarentena
Y sin nadie avisar, de repente,
Un gran coro majestuoso de palmas.
Un grave ruido levanta el viento
Son los aplausos de agradecimientos
Nos aplaudimos a nosotros mismos.
A los héroes detrás de la pandemia
Médicos, enfermeros y pacientes.
Y aquellos en el frente de batalla
Y sobre todo a los que se han ido.
La mayoría adultos, abuelos.
Ni despedirse de sus nietos pudieron
A ellos mis manos golpean el viento
Un aplauso donde aplaudimos todos
No puede una mano quedar afuera
Estos son los aplausos más merecidos
Que mis manos y alma jamás dieron
El aplauso hizo nacer el sonido
Y este acabo con el silencio
La piel se eriza transpira de nuevo
El cuerpo respira vida con miedo
No imaginaba que nuestras manos
Podían generar tanto estallido
Cuando son dirigidas por corazones
Y la sinergia de la gente buena
Estos aplausos que despiertan neuronas
Y cada quien dentro de su sentido
Alerta sus recuerdos y memorias
El olor de vida y la conciencia
Qué bueno sería que estos aplausos
No murieran y que llegue el momento
Que los políticos serios se lo ganen.
Siempre que hagan las cosas muy buenas
Continuaremos colgando aplausos
Hasta que la pandemia nos deje en paz.
Aplauso es poesía y ella
Aunque estemos muertos nos recuerda
En esta Madrid, hoy, hay mucho llanto
No hay urnas, los cuerpos los incineran.
Y las coronas desaparecieron,
el corona virus que llego de lejos
Dios cuide a Madrid y la plaga se aleje