Evitando la ansiedad

Evitando la ansiedad

Buscando alimentarme de informacion relacionada con la ansiedad, un tema importante en estos momentos. tengo el agrado de presentar parte de un extracto que encontre en el blog \»Senda emocional\»
Espero les guste y hagan sus respectivas reflexiones.

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Siempre he tenido muy claro que aquel quien dibujó la frontera entre el miedo y la ansiedad, lo hizo con lápiz blanco sobre lienzo blanco. Soy consciente de lo sencillo que resulta quitar un pie en una para poner los dos en la otra. Pero aun así, reconozco que me cuesta aceptarlo. El miedo, como emoción, suele tener más de adaptativo que de lo contrario. Nos ayuda a poner remedio, a poner distancia. Incluso, a tener esperanza, a creer que, tras la negra nube que ahora nos envuelve, solamente queda una salida: esa en que el sol vuelve a brillar esplendoroso. El miedo nos muestra el enemigo. Lo hace real señalándolo con su enorme dedo para que podamos actuar. Cada uno a su nivel. En función de su valentía o de su insensatez, pero a todos sin excepción nos lleva a la acción, importando muy poco si ésta consiste en correr, luchar o esconderse. Todas pueden ser válidas. De hecho todas son válidas. En cambio la ansiedad no obra en buena lid. No es de fiar. Se disfraza de miedo sin un carnaval que la ampare, escondiéndonos la realidad, engañándonos con un enemigo inexistente. Arguyendo continuamente que no lo podemos ver por su invisibilidad. Y, sin enemigo, no hay defensa que valga. Solamente existe desgaste, pérdida de recursos físicos, cognitivos y emocionales que únicamente consiguen complicarlo todo aún mucho más.

Cada generación, cada época, tiene su momento complicado. Ese que más tarde generaciones posteriores leen en los libros de historia. La nuestra, probablemente, lo esté viviendo en estos días. Acostumbrados a determinados hábitos, a rutinas que conforman, incluso, nuestra más aburrida cotidianeidad, vernos ahora en la obligación de dejarlas de lado en pos del bien común suele comportar bastante malestar. Hemos crecido inmersos en un sistema que nos empuja a nadar solos, donde el individualismo y el egoísmo son ley, y el hedonismo su recompensa, donde pensar en términos de solidaridad, de responsabilidad y compromiso con los demás resulta una heroicidad, es decir, una estupidez. Un medio donde tendemos a escuchar únicamente a los placeres, y a acallar los sacrificios. Donde, como mucho, aceptamos renunciamos a un pequeño trozo de placentero pastel siempre que demás nos podamos acabar hartando. Por todo ello, quizás, esto que nos está pasando nos ayude a cambiar el foco y centrarlo no sólo en nuestras más íntimas (e insignificantes) necesidades, y ponerlo en las de aquellos con los que convivimos. Así lo espero algo desesperado, he de reconocerlo. Porque contemplar la ingente irracionalidad, que a pesar de los avisos que van llegándonos, continúa gobernando nuestros actos como comunidad, me desalienta.

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