Estímulos a los que responde le cerebro reptil

El cerebro reptiliano responde a ciertos estímulos muy específicos.

El cerebro reptiliano es, esencialmente, visual. El nervio óptico, al que está conectado físicamente el cerebro primitivo, es cuarenta veces más rápido que el nervio auditivo. Esto motiva una enorme velocidad de procesamiento (cuando nuestro cerebro reptil ve un palo que se parece a una serpiente no puede permitirse el lujo de equivocarse, por lo que reacciona velozmente para alejarse del peligro). No podemos depender de la velocidad que tarda nuestro neocorteza en procesar la información y, por ello, la información visual es determinante en la toma de decisiones.

Centrado únicamente en sí mismo. Se centra en el YO y está enfocado a la supervivencia. Los procesos de empatía se producen en el cerebro límbico y los racionalizadores en el neocórtex. Por eso, es que la mayor parte de los anuncios y los procesos comunicativos comerciales se orienten en el receptor.

Contraste. El cerebro reptiliano atiende a contrastes muy simples: antes/después, peligro/seguridad, con/sin, rápido/lento. Y, en función de estos contrastes, toma decisiones con el menor riesgo posible: si se encuentra en un estado de confusión, puede eludir la decisión e, incluso, no decidir. Por ello, es aconsejable establecer el contacto con estímulos muy positivos.

Principio y final. El cerebro siempre intenta “guardar” una determinada cantidad de esfuerzo de procesamiento. Por ello, si no es necesario o vital, se quedará solamente con los elementos iniciales y finales. De esta manera, es aconsejable, empezar de manera impactante y establecer una conexión con el final.

Elementos tangibles. Los elementos lingüísticos se procesan en el neocórtex, así que el cerebro reptiliano está buscando elementos familiares, amigables, concretos y reconocibles.

Las emociones. Los estudios científicos demuestran que las emociones crean respuestas electro-químicas en nuestro cerebro. Estas reacciones afectan directamente la forma en que procesamos y memorizamos información. Cuando experimentamos una emoción como tristeza, ira, alegría o sorpresa, un cóctel de hormonas inunda nuestro cerebro y los impactos crean conexiones sinápticas entre las neuronas, haciéndolas más rápidas y más fuerte que nunca. Como resultado de ello, recordamos los eventos mejor cuando hemos tenido emociones fuertes y placenteras.

\"retiliano\"

 

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