Buenos días a todos
He estado dedicado a la lectura de varios libros de crecimiento personal para seguir encontrando la luz que desde que nací he estado hurgando.
Cada ser humano nace con todo un paquete necesario para su apropiado crecimiento. Ese paquete, lamentablemente no viene con un manual de instrucciones. Sin embargo, viene con nuestro órgano principal, el cerebro. El cual, como ya sabemos, está conformado por los tres cerebros.
A veces nos preguntamos porque hay personas que se desarrollan mejor que otras y son mas exitosos y mas felices.
No nos damos cuenta que el universo, la naturaleza misma, tiene sus reglas y que hay personas que son conscientes de estas reglas y las ponen en práctica en su día a día
A través de algunas reflexiones quiero despertar el interés de Uds., para que pongan en practica sus cerebros mas primitivos y su auto conocimiento de la energía universal que fluye en la naturaleza.
Me gustaría que hiciéramos, como decía Einstein: \»ver cada cosa que ocurre en el universo como un milagro\». Empecemos a alimentar nuestra interior, nuestro yo, nuestro concepto de Dios, y empecemos a creer en que lo que imaginamos, deseamos y queremos, de tal manera que sea posible obtenerlo a través del ejercicio de las leyes universales.
la primera reflexión que le entrego es del Dr. Fernando Daniel Peiró
•El Anciano y la Criatura
Una vez, una criatura llamada hombre, deseaba hacer algo más que el simple hecho de mirar cómo el sol salía por el este y cómo se ocultaba en su otro extremo.
En ese preciso momento, un sabio anciano se acercó y le dijo: – Si deseas hacer algo por ti mismo y por otros como tu, sólo recorre este camino junto a mi. La criatura se levantó y acompañó al anciano. Caminó a su lado sin detenerse un minuto. Observaba, al transitar el nuevo camino, cómo los árboles daban frutos y las praderas se teñían de bellos y diferenciados colores.
Algunas veces tenían tonalidades de blancos, otras veces ocres y en muchas otras, verdes y multicolores. En un instante del sendero, el hombre le dijo al desconocido y silencioso anciano: – Siento que cada vez que avanzamos, pasamos por el mismo lugar; aunque el paisaje nunca es mismo. – Es verdad… respondió el anciano. – Y ¿Qué es lo que hace que todo cambie al pasar frente a mi?, preguntó el hombre. – El trabajo de la Naturaleza, respondió sonrientemente el anciano sabio. – ¿Y este camino, adónde me lleva?, insistió la criatura humana. – ¡A donde tu quieras llegar! exclamó el anciano, mientras se alejaba lentamente. El Hombre, apenas percibiendo la silueta del anciano, hizo su última pregunta, levantando su voz para que el sabio escuchase: – ¿Quién eres tu? – Pues, mi nombre es “TIEMPO”.