Continuando con el post anterior en relación al contenido de los ultimos 8 capitulos del libro del Dr. Punset, a continuación un breve resumen de los capítulos 9 al 16.
Cap. 9.- La mente del psicópata.
El psicópata no tiene conciencia ni empatía y ni siquiera un experto en el tema como el psicólogo Robert Hare, sabe qué se puede hacer con estas personas.
No se nace psicópata pero sí se desarrolla esta personalidad muy pronto. Desde niño, tiene unas características especiales como falta de miedo o de ansiedad y una gran impulsividad. Hoy se considera la psicopatía como un trastorno de la personalidad y no como una enfermedad. Se piensa que se debe a unas características genéticas unidas a un entorno facilitador.
Parece que hay unas características cerebrales especiales como es la falta de conexión entre el sistema Límbico y la Corteza prefrontal. El origen de tal desconexión podría ser un accidente (golpes, etc.) o un gen, por ejemplo. En esta disfunción se origina su incapacidad para sentir emociones. Una causa de psicopatía podrían ser los malos tratos en la infancia porque se provoca un aumento de cortisona en sangre y esta sustancia lesiona las neuronas.
Si se aplicara la escala Hare a todo el mundo, se observaría que el porcentaje de psicópatas es similar al de esquizofrénicos ( un 1%) . En España habría casi 500.000 psicópatas.
La reflexión final se refiere al aumento del número de psicópatas. Aunque no todos los psicópatas son asesinos, la máxima expresión de esta personalidad es el asesino en serie. Muchos especialistas están de acuerdo en que nuestra sociedad exalta los valores de la psicopatía (competitividad, manipulación, ser nº 1, etc.), lo que es un caldo de cultivo apropiado para que ese fenómeno se desarrolle.
Cap. 10.- Claves violentas.
Las investigaciones sobre la base biológica de la violencia apuntan hacia una carencia de materia gris en el Cortex prefrontal, que es la zona que inhibe la agresividad y es la parte que se activa en la toma de decisiones complejas. En estudios con cerebros de psicópatas, se observó que esta área cerebral, que se esconde detrás de los ojos, tenía un volumen reducido en un 11 % sobre el cerebro de personas normales.
El maltrato repetido a un bebé puede ser la causa de que se dañen las fibras nerviosas que unen el área prefrontal (inhibidor de la agresividad) con áreas más profundas donde se gestan las emociones.
Otras causas detectadas como causantes de agresividad son : consumo de drogas, alcohol, educación basada en la agresividad y otros factores ambientales y la bioquímica: se ha encontrado que cuando DESCIENDE EL NIVEL DE SEROTONINA SE INCREMENTA LA AGRESIVIDAD.
A partir de estos datos, se está investigando con fármacos inhibidores, como el Prozac (fluoxetina), que impide que se fije la serotonina en los receptores, por lo que sigue fluyendo en el cerebro.
Parece que hay bastante consenso en cuanto a que las causas de la violencia están ligadas a malos tratos, unidos a daño cerebral o a algun tipo de enfermedad mental. Hasta golpes en la cabeza, o zarandeos, pueden lesionar el cortex prefrontal. También la desatención (un niño que llora y no lo cogen, por ejemplo) pueden ser causa de cerebros inclinados a la violencia. (pág. 181). Hay cifras que demuestran que reducido el maltrato infantil, se reduce drásticamente la violencia en los años posteriores. Los niños maltratados tienden a la violencia; las niñas maltratadas tienden a la depresión.
Otro elemento que se ha estudiado por su incidencia en la agresividad es la nicotina. LA NICOTINA ES CAPAZ DE DETENER EL CRECIMIENTO DE LAS NEURONAS, POR LO QUE DAÑA EL CEREBRO DEL FETO PORQUE SU PRESENCIA EN SANGRE DISMINUYE LA CANTIDAD DE OXIGENO QUE EL EMBRION RECIBE DE LA MADRE. (pág. 184).
Ante todas estas investigaciones surge el debate sobre si el que comete actos violentos obra con libre albedrío y si es o no responsable de sus actos. El debate está ahí pero lo que sí es seguro es que hay que apostar por la educación para los más jóvenes y buen trato en la infancia.
Dice Punset al final que hay que ser positivos porque no se pierde nada y que la amabilidad y “ser buena persona” es la mejor actitud para mantener la salud.
Cap. 11.- Placeres y desgracias de la imaginación.
Algunas teorías actuales son reduccionistas en cuanto a que consideran que somos el resultado de nuestros genes. Pero hay mayor consenso en cuanto a que los genes propician pero el ambiente en que cada cual se desarrolla es imprescindible para moldear a la persona.
Uno de los temas de debate es la DEPRESIÓN que parece estar asociada a un gen que acciona sobre la secreción de Serotonina. En general se piensa que poseer ese gen hace más vulnerable a la persona a padecer esa enfermedad pero no la desarrolla necesariamente.
En este capítulo Punset hace hincapié en el efecto devastador de la preocupación. Dice “Hombres preocupados, cerebros devastados” (pág. 196). Habla del gran poder que tiene la imaginación porque cuando pensamos en algo funesto nuestro cuerpo funciona mal y se produce un desgaste innecesario.
“Hay estudios que confirman que algunas partes del cerebro quedan devastadas por pensamientos y preocupaciones que no tienen nada de reales….el estrés puede matar neuronas de una parte del cerebro llamada hipocampo, que es decisiva para el aprendizaje y la memoria” (pág. 198). “Pensar desgracias perjudica seriamente la salud”. “Nuestras expectativas nos configuran tanto como el ambiente y nuestros genes…¡Nos basta imaginar para deprimirnos! (pág. 201)
En cambio, la anticipación de cosas positivas, como la imaginación de cosas placenteras inunda el cerebro de dopamina. Imaginar felicidad genera la química necesaria para que nos sintamos bien.
Cap. 12.- Inteligencia creativa.
La creatividad es el impulso de crear y generar ideas pero no se sabe con exactitud como opera, aunque sí se reconocen sus frutos.
Aquí surge una cuestión sobre si la educación y socialización disminuyen la creatividad puesto que ésta supone pensar de forma diferente y aquéllas potencian el aprendizaje de la obediencia y la recompensan, favoreciendo el pensamiento uniforme.
Midiendo la inteligencia, podemos hablar de más de un tipo, la inteligencia académica y la inteligencia creativa o la inteligencia práctica. Una persona puede tener un alto coeficiente de inteligencia académica y, en cambio, no saber adaptarse a su entorno.
Al igual que la biología afecta al comportamiento, el aprendizaje afecta al cerebro. Cuando se desarrolla la persona mediante aprendizajes, cambia el cerebro.
En este capítulo se debate también sobre la creencia de que algunos trastornos mentales, como la esquizofrenia, favorecen la creatividad. Al parecer hay similitudes en los cerebros de esquizofrénicos y de algunos artistas, pero no se puede concluir que todo esquizofrénico sea creativo.
Se analiza el caso de Van Gogh, que no sabía nada de pintura (excepto que había trabajado en una tienda de arte en Londres) y de repente coge los pinceles y decide plasmar su visión del mundo.
Pero nuestra sociedad, dicen algunos invitados a Redes, está anclada en aspectos económicos que conducen a la obtención de beneficios, dando de lado a la creatividad.
Cap. 13.- Calculamos fatal.
Es un capítulo dedicado a cómo manejamos los números y cómo nos engañan. Comienza con un párrafo que hace uso de la matemática : “De los billones y billones de seres humanos potenciales que podrían haberse generado a partir de todos los óvulos y espermatozoides que han existido en la historia…” has nacido tu, que has convertido esa potencia en acto y, sin embargo, no lo sabes.
También hace un pequeño análisis de la criptografía, que “es la rama de las matemáticas que ahora controla nuestros teléfonos móviles, las contraseñas de internet y la compra que hacemos con nuestra tarjeta de crédito” (pág. 238).
Cap. 14.- Cerebro y lenguaje
El origen del lenguaje va ligado al origen de nuestro cerebro y, en este capítulo, se analiza la evolución de nuestro cerebro y el de otros mamíferos. Muchos científicos creen que el lenguaje es la principal causa del crecimiento cerebral. El lenguaje y la comunicación sirvieron para sobrevivir como especie y el habla es una particularidad específica del hombre porque para hablar no basta con emitir sonidos. Pero hay autores que consideran que lo más específico que nos diferencia del resto de las especies es la codificación del lenguaje : la escritura.
Los primeros mamíferos aparecieron hace poco más de 200 millones de años y aunque “nos encanta creer que somos la cúspide de la Creación….allá, en las profundidades del mar, un ser hermoso y brillante nos mira y…parece sonreir…el defín es el mamífero que rivaliza con el hombre en la escala de la capacidad craneal. Tiene una gran corteza cerebral y un comportamiento complejo, comparable al humano.” (pág. 257). Algunos estudios muestran que los delfines tienen conciencia de sí mísmos y que pueden morir de estrés.
Cap. 15.- La gran amenaza : la DEPRESIÓN
“En los últimos 10 años se ha demostrado que la depresión incide en nuestro cuerpo y cambia su anatomía. Una situación de estrés repetida, incluso imaginada, cambia o puede cambiar el volumen de nuestro cerebro, del hipocampo, en más de un 10%” (pág. 259).
Se aborda una vez más la cuestión de que parece haber asociación entre depresión y creatividad y se preguntan algunos qué hubiera pasado si Van Gogh hubiera tomado Prozac . El caso es que esta enfermedad ha ido acompañada de un sentimiento romántico que ha provocado el que sea considerada una dolencia menor, cosa absolutamente alejada de la realidad.
La depresión se caracteriza por lentitud de pensamiento, tristeza y confusión mental. Hoy día se empiezan a conocer algunas anomalías cerebrales específicas de la depresión y esto va a permitir que, por fin, sea considerada una enfermedad como cualquier otra.
El Prof. Kramer, gran especialista del tema, señala que la depresión no es específica de los humanos. En cuanto a la incidencia de la genética en su aparición, es de un 40 % aproximadamente. El 60 % restante se debe al entorno.
Los síntomas más conocidos son : tristeza, insomnio, dificultad de concentración, ideas suicidas….Pero la pregunta es ¿dónde acaba la tristeza y empieza la depresión? El diagnóstico no es fácil para el médico.
Hoy día, las técnicas de neuroimagen ayudan porque la depresión provoca alteraciones en la forma del hipocampo o en la corteza prefrontal (pág. 263).
El cerebro deprimido es más vulnerable a los acontecimientos externos, por lo que una situación adversa puede vivirse como una verdadera catástrofe para la persona deprimida.
Según las investigaciones de la profesora Ivette Sheline, el Hipocampo de las personas deprimidas se reduce de tamaño. Y dice más : “la reducción de tamaño del hipocampo era proporcional al número de días que una mujer había estado deprimida sin que se le proporcionará ningun tratamiento” (pág.264)
Además la depresión afecta a los huesos y al sistema cardiovascular. Concluye que la depresión es una enfermedad multisistémica porque afecta a todos los órganos del cuerpo. Por tanto es necesario tratar la depresión como se trata cualquier otra enfermedad.
En cuanto a las causas de la depresión, son diversas pero en este primer apartado del capítulo, se destaca una situación muy estresante como causa de depresión : la combinación de abandono y humillación.
Según el Prof. Sapolsky, cuando una situación de estrés o de sobrecarga de tensión se mantiene durante cierto tiempo, aparecen disfunciones y una de estas disfunciones es la depresión.
Además de esto está la predisposición a padecer la enfermedad a causa de los genes y un neurotransmisor : la Serotonina. “En los últimos 7 u 8 años hemos descubierto que las personas fabrican nuevas neuronas continuamente en la edad adulta. Se solía creer que dejábamos de crear neuronas a los 2 ó 3 años de edad. Pero ahora sabemos que con 60,70 u 80 años estamos fabricando nuevas neuronas en el Hipocampo. Y una de las cosas que los tratamiento como el Prozac, el electroshock y el litio parecen tener en común es que estimulan la producción en el hipocampo de nuevas neuronas o nuevas conexiones neuronales” (pag. 267) .
Según la OMS en el mundo hay más de 340 millones de personas deprimidas. En España afecta a 3 millones de personas y las cifras van en aumento. Se pronostica que la depresión será la 2ª causa de pérdida de años de vida saludable en el 2020. Hay muchas esperanzas puestas en la ingeniería genética para combatir esta enfermedad en el futuro.
En resumen, la depresión es una enfermedad como otra cualquiera y como tal hay que tratarla. Lo difícil es diagnosticarla. El tratamiento se aconseja que sea, además de medicamentoso, acompañarlo de una terapia cognitiva para que la persona deprimida aprenda a pensar de forma más adecuada, cambiando algunas creencias irracionales. Al cambiar creencias se cambian sentimientos.
Cap. 16.- ¿Qué nos hace felices?
Es habitual que cometamos errores en las expectativas que tenemos de las cosas. Pensamos que si obtenemos tal o cual cosa vamos a ser felices para siempre; o si nos ocurre tal o cual desgracia no la vamos a poder soportar. Pues bien, luego, si en la realidad ocurren tales cosas, no tendremos los sentimientos planeados sino que transcurrirá todo de diferente manera. Somos muy deficientes haciendo ese tipo de pronósticos.
En cuanto a los sentimientos o emociones, se hace una precisión : las emociones fluctúan, no pueden ser constantes. Es por eso que es absolutamente inútil pretender estar siempre felices porque la felicidad es un sentimiento y como tal, tiene que cambiar. Lo mismo para los sufrimientos “no hay mal que dure cien años”. Hay que aprenderse esta lección : las emociones son transitorias.
Lo gracioso es que aunque lo sepamos, no nos sirve porque no sabemos “empatizar con nuestro yo futuro” . Si ahora estoy mal, aunque sepa racionalmente que no va a durar siempre, no me consuela y lo vivo como si fuera a prolongarse toda la vida. La respuesta que dan algunos teóricos es que tenemos un sistema de autodefensa que se activa en situaciones muy graves, para defendernos. Pero en situaciones de pequeños traumas no lo hace y nuestro cerebro no sabe salir de ese laberinto emocional en el que se encuentra. Lo que sí tenemos que recordar siempre es que nuestro cerebro es nuestro aliado y que siempre actuará movido por nuestra supervivencia. No es la felicidad lo que busca el cerebro, sino la tranquilidad y el sosiego.
Por otra parte, la sociedad occidental, tal y como está configurada, no permite que las personas sean felices con las pequeñas cosas de la vida.
Termina el autor recordándonos que la felicidad no es más que una emoción y como tal es transitoria y que es ante todo ausencia de miedo. Y Podemos encontrarla en el camino que recorremos mientras la buscamos.