La importancia de tomar conciencia de las vivencias, de esos pequeños momentos que tenemos día a día. Esos minutos en que hacemos algo y salta una chispa de buenas emociones. Esos son los ratos que debemos atesorar y disfrutar. La felicidad está en cada cosa pequeña y a veces hasta insignificante, pero que nos causa sensaciones agradables, momentos de paz y espiritualidad. Aprovechemos de estar más pendiente de cada cosa que hacemos, de los estímulos que tratan de ingresar a nuestros sentidos, de las emociones que ellos van a producir en nosotros y de como tolerarlos a fin de ser selectivos con los estímulos y con las personas con las que nos encontramos en nuestro camino.
A veces pareciera que la vida es dura y que nos castiga, pero lo que si estoy seguro es que hay un orden en el universo y las cosas pasan porque tienen que pasar. Si somos un poco más reflexivos y conscientes vamos a poder influir en ese universo de manera que él sea nuestro cómplice y nos ayude a lograr las cosas que en realidad queremos lograr.
Cuando nos conectemos con alguien tratemos en todo lo posible de no etiquetar y de dar la oportunidad para que cada quien desarrolle su potencial. No juzguemos y no cerremos la puerta a lo nuevo, a la comprensión y al amor
¿Cuántas veces hemos tenido que revisar la primera impresión que nos ha causado una persona?
¿Cuántas ocasiones hemos perdido de disfrutar de una buena amistad o compañía por no haber dado una oportunidad?
La formación prematura de opiniones es un mal que solemos hacer de manera inconsciente. Así, encasillamos a las personas.
Esto es una práctica muy habitual en el ámbito familiar, pero también fuera de él.
Una vez que hemos puesto la etiqueta a una persona, tendemos a confirmar con sus hechos la limitada expectativa que hemos puesto sobre ella.
Ponemos etiquetas positivas: simpática, divertida, inteligente, generosa, tranquila, optimista, alegre, ingeniosa…
Y ponemos etiquetas negativas: mandona, violenta, avara, pesimista, depresiva, borde malhumorada, irresponsable, miedosa, presumida, desconfiada, torpe…
Pero muchas veces, estos rasgos de la personalidad, se pueden ver desde una doble perspectiva.
Una persona desordenada, podría ser etiquetada como descuidada, sucia, o un desastre, pero también podría ser etiquetada como una persona espontánea, libre.
O una persona que no realiza bien su tarea podría ser etiquetada como torpe o poco inteligente, pero también podría etiquetarse como inexperta.
Al final como todo en esta vida… Todo depende del cristal con que se mire.
Pongamos lentes nuevos en nuestros ojos y empecemos a pintar de colores nuestra percepción, dejemos que nuestra piel sienta el calor humano, que nuestros oídos escuchen la música que hace vibrar los corazones y eduquemos a nuestros sentidos a vivir la vida en el contexto de la gratitud.
Sigamos adelante con entusiasmo y con mucha sabiduría. No dejemos que la rutina, la mediocridad, la mala política y las cosas banales nos derroten y empecemos a mirar hacia abajo. Sigamos erguidos con la cabeza en alto y el corazón abierto como una puerta de la iglesia, sin temor a ser querido por otros y vivir en armonía. Y cuando te encuentres aquellos que en realidad son tóxicos, que no dejan quererse porque dentro de ellos no hay amor para dar, aléjate suavemente como la brisa se va al océano y no molesta las hojas de los árboles. Sé tú como quieres ser y mucho éxito en tu crecimiento
Feliz día