Recientemente, he comenzado a impartir clases de apoyo en un programa de ajedrez para adultos mayores en mi sector en Madrid, y me llena de satisfacción observar el entusiasmo y las ganas de aprender que estas personas traen consigo.
Después de más de 40 años sin jugar al ajedrez, he decidido retomar este fascinante juego poco a poco. No busco convertirme en maestro ni competir de manera frecuente, sino aprovechar el ajedrez como una herramienta poderosa para estimular el cerebro, teniendo en cuenta la teoría del cerebro triuno. Mi enfoque en las clases se centra en cómo aplicar eficazmente las capacidades de los tres cerebros durante el desarrollo del juego.
A mis alumnos les compartí dos noticias: una buena y una mala. La mala es que hoy en día, los grandes maestros de ajedrez suelen coronarse a edades tempranas, entre los 12 y 16 años, una etapa en la que el cerebro aún no está completamente desarrollado. Esto puede hacer que muchos sientan que elegir este deporte en una etapa tardía de la vida no es compatible. Sin embargo, la buena noticia es que la neurociencia ha revelado avances fascinantes sobre el cerebro, particularmente en relación con la neuroplasticidad, que nos demuestra que siempre estamos aprendiendo.
Durante más de un siglo, la teoría de Ramón y Cajal, Nobel de Medicina y descubridor de las neuronas, fue contraria a esta noción. Él estableció un límite para el cerebro de los adultos al decir: \»En los cerebros adultos, las vías nerviosas son algo fijo e inmutable. Todo puede morir; nada puede regenerarse. Corresponde a la ciencia del futuro cambiar, si es posible, este cruel decreto\». Sin embargo, hoy sabemos que nuestro cerebro tiene la capacidad de reorganizarse y crear nuevos mapas mentales y aprendizajes a lo largo de la vida.
La clave para aprovechar esta plasticidad radica en nuestra voluntad de enfrentar nuevos desafíos y en superar el cerebro reptiliano, aprendiendo a gestionar nuestra agenda y a aceptar el cambio. Es fundamental cultivar el optimismo y la motivación del cerebro límbico, ya que no hay aprendizaje sin disfrute. El entendimiento de la lógica detrás del juego, proporcionado por la neo corteza, nos ayudará a descubrir nuevas jugadas, ganar partidas y conectarnos con el ajedrez, un juego que ha perdurado por más de 600 años.
El ajedrez es un recurso educativo de gran valor, recomendado oficialmente por la UNESCO en 1995 para su inclusión como materia educativa en escuelas de enseñanza primaria y secundaria debido a sus múltiples beneficios en la formación integral de las personas.
El éxito de estos cursos radica en promover el ajedrez como una herramienta útil para desarrollar el razonamiento y la diversión, no como un medio para formar campeones. Este último aspecto puede surgir de manera natural, pero requiere un proceso de selección y seguimiento.
Durante una partida de ajedrez, los jugadores toman decisiones constantes de manera autónoma, buscando una estrategia ganadora y superando los desafíos que sus oponentes presentan. Estas decisiones requieren reflexión y análisis previo para identificar la mejor solución en cada momento, anticipando las posibles respuestas del adversario. En ajedrez, el azar no influye; cada jugador es responsable de sus elecciones.
Para jugar bien al ajedrez, es fundamental comprender conceptos como controlar el centro del tablero, desarrollar las piezas, proteger al rey (enroque) y tomar la iniciativa. Aquí es donde nuestros tres cerebros deben entrar en acción: la neo corteza se activa para el razonamiento lógico y el análisis, el cerebro límbico nos ayuda a manejar nuestras emociones y estado de ánimo, y el cerebro reptiliano nos asiste en el control de la respiración, la gestión del miedo y la intuición, instintos esenciales en el deseo de ganar y visualizar el jaque mate.
La práctica del ajedrez ofrece innumerables beneficios, siendo uno de los juegos más completos para el desarrollo intelectual de cualquier persona, sin límite de edad para aprender. Entre las habilidades que se pueden adquirir se encuentran:
- Aumento de la capacidad de observación y concentración.
- Desarrollo del razonamiento lógico-matemático.
- Mejora en la resolución de problemas y en la toma de decisiones.
- Fomento de la reflexión, planificación y previsión.
- Incremento de la autoestima y el deseo de superación.
- Desarrollo de la capacidad de cálculo y raciocinio, imaginación, atención, abstracción, pensamiento lógico, investigación y normas de cortesía.
El ajedrez también promueve un equilibrio emocional, fomentando el bienestar y la felicidad de las personas, así como habilidades para la convivencia.
A través del ajedrez, podemos trabajar la educación emocional, convirtiendo a quienes aprenden a elegir la mejor solución ante un problema en individuos más autónomos y responsables. Esto es especialmente valioso para los adultos mayores, que pueden disfrutar de este juego y, por tanto, de la felicidad que puede brindar.
La frase del día: \»El ajedrez, como el amor y la música, puede hacer felices a las personas\».