Cuando nos asustamos ante un evento extraño que se produce en el exterior, como puede ser un disparo, una sirena, un grito ruido fuerte, inmediatamente se activa nuestro cerebro reptiliano. Cuando nos emocionamos, gritamos, o reímos a carcajadas, corremos de miedo o celebramos un triunfo, dependiendo de la emoción, actúa nuestro sistema límbico. Cuando utilizamos nuestro pensamiento racional, apreciativo, por ejemplo, al valorar y recapacitar sobre nuestros, actos, nuestras acciones y nuestras responsabilidades, actúa el neocórtex o cerebro racional
Recuerden que el cerebro reptil es el más antiguo de todos, programado bajo unas condiciones externas, ambientales muy diferentes a las nuestras hoy en día. Este cerebro se comunica con nosotros desde el fondo del tallo del encéfalo.

El cerebro reptil vive dentro, muy dentro de nosotros, el origen de la reactividad y la supervivencia. La sede de los automatismos, origen de la reacción de lucha y huida y punto de control de los niveles de energía, sistemas motivacionales y el impulso de actuar.
Es nuestro mejor amigo, porque se responsabiliza del control de nuestras constantes, hemoglobina, glucosa en sangre, de nuestro ritmo cardiaco, de que nuestro corazón lata, nuestros pulmones respiren y nuestro intestino se mueva.
Qué maravilloso es este cerebro que controla tantas cosas que ni siquiera nosotros nos enteremos de que están ocurriendo a cada segundo de vida. Nos enlaza de forma refleja con el entorno, vive para asegurar en todo lo posible la supervivencia. Es el sistema de alerta de nuestro cuerpo, nuestro sistema de alarma que se dispara automáticamente para decirnos que debemos retirarnos de cierta situación. Por ejemplo, alejarnos de un animal salvaje, no acercarnos al fuego, a la electricidad, etc. Movimientos involuntarios grabados en esa computadora arcaica, pero que ha funcionado por millones de años.
En ocasiones confundimos una amenaza real de un simple estímulo del medio exterior, por ejemplo, confundir a un muñeco de trapo con un ladrón, este sistema se activa pensando en el peor de los casos. Eso es estar a favor de la sobrevivencia. Mejor, es decir, aquí corrió que aquí callo. El cementerio está lleno de valientes que no oyeron a su cerebro reptil a tiempo para dar la huida y resolver el conflicto
Un cerebro que trabaja 365 al año, cada segundo de vida, cada respiro que sale de nuestra boca y fosas nasales. Siempre alerta, el reptil nunca descansa. Activo durante el sueño, automatiza reacciones instintivas reflejas, aloja el origen de las conductas obsesivas y los comportamientos rituales. Controla las funciones viscerales de las que depende la vida, la función cardiaca, vascular, pulmonar o intestinal, bases de la lectura con las que ya no el cerebro, sino la mente cargada de significado, elabora nuestro estado emocional y nuestra actitud corporal en la sociedad estresada de nuestros días.

El reptil es muy autoritario, y no se deja mandar fácilmente, rechaza la regulación superior y la nostalgia, el regreso al hogar, y las funciones instintivas más primitivas brotan desde aquí sin control. Pero a la vez muestra su sencillez y su inocencia cuando ha satisfecho sus necesidades básicas que son, fundamentalmente, comer, beber, sexo, casa y protección. ¿Les suena familiar? Cuando está bien comido y con buen sexo, se deja amansar por la respuesta de relajación, se muestra en paz interior y con una gran serenidad y poder.
La Frase de hoy: El Homo sapiens, sapiens (hombre) desde hace muchos siglos, lucha por controlar este cerebro, al mismo tiempo que comparte con él la seguridad que proporciona su automatismo. Algunas personas tienen la posibilidad ocasional de controlar sus comportamientos y emociones con el cerebro neo corteza, sin embargo, se da en muy pocos