LA BIOLOGÍA DE LAS EMOCIONES
Hace unos días, asistí a una clase de alumnos de primaria y luego fui a una de secundaria. Gratos recuerdos de mi infancia y adolescencia. Note que el sistema de enseñanza no ha cambiado drásticamente como pensé que debía haberlo hecho debido principalmente a los avances de las neurociencias y al nuevo orden de vida que llevamos incluyendo la gran masa incontrolable de data que se maneja y la era de la búsqueda de información y no del conocimiento per se. Seguimos formando a los futuros adultos en el manejo científico y muy poco en el manejo emocional. Queremos tener altos coeficientes de inteligencia (IQ) pero descuidamos él (EQ) coeficiente emocional, como hacer que las cosas sucedan, como manejar nuestras conductas, comportamientos y emociones, como socializarnos, etc.
Acabo de leer un libro interesante que pudiéramos utilizar para mejorar nuestros sistemas de enseñanzas y quiero compartir parte de lo recopilado
Las emociones se procesan en el cerebro, pero se sienten en el cuerpo. Demasio (2008), en su libro El error de Descartes, sostiene que lo que se siente en el cuerpo es informado a la parte pensante del cerebro, el cerebro racional, o corteza cerebral. Le informa qué es lo que necesita el cuerpo para la supervivencia. A su vez, el cerebro actúa sobre el cuerpo, por ejemplo al ordenar la fabricación de sustancias químicas liberadas en el torrente sanguíneo, entre ellas hormonas, neurotransmisores y moduladores.
El sistema emocional principal del cerebro es el sistema Límbico, considerado el cerebro emocional. Este está formado por un grupo de estructuras conectadas masivamente con la corteza frontal. El sistema límbico procesa las emociones y sus estructuras cerebrales están ubicadas en la zona central del cerebro, siendo sus componentes principales: la amígdala cerebral, el tálamo, la corteza cingulada anterior, la ínsula, los núcleos accumbens, el hipocampo e hipotálamo. Como ya hemos escrito anteriormente, la amígdala cerebral se encuentra en el lóbulo temporal (una amígdala en cada hemisferio cerebral) y es llamada la \»alarma cerebral\» o el \»centinela emocional\», actor clave en la emoción, ya que se activa ante el miedo o ante una amenaza posible.
El tálamo, o \»estación de relevo\» es un área cerebral que ayuda a direccionar la atención consciente, redirige la información que proviene de nuestros sentidos (excepto el olfato) y envía esta información a la amígdala y a la corteza cerebral \»pensante\». Como la información llega antes a la amígdala, porque el camino es más corto, esta revisa y chequea si el estímulo es potencialmente dañino para la persona o no. Si lo es, pone el sistema de alerta en activación y el cuerpo se prepara para la defensa, la huida o el ataque, con la ayuda del hipotálamo para preparar al cuerpo.
El hipotálamo es el regulador crucial de las funciones corporales. Si el estímulo no es peligroso, la información prosigue al cerebro pensante donde será procesada. La información puede dirigirse al lóbulo frontal en estados de relajación y tranquilidad, libres de ansiedad o miedo. Los núcleos accumbens es el área asociada al procesamiento de los sistemas de recompensa, la ínsula está relacionada con el reconocimiento de seriales humanas de disgusto y la corteza cingulada anterior es la que se activa, por ejemplo, ante la frustración o pena al recibir feedback negativo. El sistema límbico solo no puede soportar el procesamiento de todas las emociones y es por eso que está conectado a una red neuronal mayor que abarca la corteza prefrontal, el \»director de orquesta\», que opera con diversos estímulos y juega un rol primordial en la regulación de nuestras emociones. Las emociones, sentimientos y sensaciones tienen efecto en varias áreas del cerebro.
Desde el punto de vista neurobiológico, las emociones tienen un rol importante en el aprendizaje, ya que dirigen la atención, elemento fundamental en el contexto escolar, crean significado, y tienen sus propias vías de recuerdo (LeDoux, 1998).
En la amígdala se guardan los recuerdos emocionales, que nos permiten tomar mejores decisiones, seleccionando la respuesta más apropiada basada en nuestras experiencias pasadas, aprendiendo de nuestros errores y éxitos. Aquellas experiencias escolares que estén conectadas con emociones, y hayan tenido un impacto emocional, serán guardadas en nuestra memoria emocional y podrán ser recordadas fácilmente como en el ejercicio al inicio del capítulo.
Un niño, joven o adulto que por ejemplo, se encuentra invadido por un estado emocional de gran excitación, miedo o tristeza, difícilmente podrá aprender. En el caso del alumno Eduardo, surgen marcadas dificultades para sostener la atención en la clase a pesar de ser un alumno con un alto coeficiente intelectual. Su atención, en clase, está dirigida a leer los gestos no verbales, las miradas, las actitudes y conductas del docente.
Siempre estamos prestando atención a algo, pero no siempre nuestros alumnos prestan atención a lo que nosotros, los docentes, queremos que presten atención. Las emociones con impacto negativo y con impacto positivo Las emociones con impacto negativo (perturbadoras) reducen la habilidad del alumno para prestar atención, concentrarse, aprender o recordar. El estrés agudo o crónico o el temor producido al vivir en entornos hostiles y amenazantes pueden llevar a la destrucción de neuronas en el hipocampo, estructura cerebral encargada de la memoria a largo plazo.
Los niños que sienten miedo, emoción que se dispara frente a una amenaza potencial, no pueden procesar la información cognitiva, ya que están demasiado atentos a gestos o actitudes amenazantes por parte del entorno y la tensión anula la posibilidad de escuchar con atención. Para contrarrestar una emoción negativa tiene que haber una emoción positiva todavía más fuerte que la neutralice.
Hay emociones que tienen un impacto positivo (constructivas): sabemos que el humor y la risa hacen maravillas para el aprendizaje pues activan los neurotransmisores apropiados (ej. dopamina) que favorecen la atención, la percepción, el aprendizaje y la memoria. Los alumnos están más propensos a aprender, recordar y hacer uso de las experiencias que en ellos tuvieron reacciones emocionales positivas. Algunos ejemplos son el sentimiento de logro, las interacciones positivas con compañeros y el docente, el reconocimiento, las celebraciones, los estados de relajación atenta, el planteo de desafíos interesantes y las altas expectativas sostenidas con el apoyo necesario.
La dopamina, que como ya sabemos es un neurotransmisor, es la fuente molecular de nuestras emociones y ayuda a regularlas. Es utilizada por las células cerebrales para comunicarse entre ellas y es segregada en respuesta a experiencias positivas como el juego, la risa, el ejercicio físico y el reconocimiento al esfuerzo y los logros. También es liberada cuando anticipamos el placer o la recompensa.
Las emociones pues, no son ideas abstractas, sino muy reales. Adquieren la forma de elementos bioquímicos específicos producidos por el cerebro y ante los cuales el cuerpo reacciona. Cada emoción tiene un químico que le corresponde. Por ejemplo, en estados de relajación la producción de otro neurotransmisor llamado serotonina permite mantener nuestro estado de ánimo en control, ayudando a conciliar el sueño, calmar la ansiedad y mejorar los estados depresivos.
Las interacciones sociales positivas promueven mejores condiciones para el aprendizaje y el recuerdo. La mayor secreción de endorfinas, los neurotransmisores que hacen \»sentirse bien\», se da en entornos favorables para la interacción social donde se muestra entusiasmo, sonrisas, abrazos, por parte de los compañeros y del docente.
Los docentes son llamados por algunos autores \»los escultores del cerebro\». Es por ello que necesitamos encontrar un equilibrio en clase entre momentos de gran desafío (estrés bueno) y momentos de mayor relajación y tranquilidad; entre momentos de excitación y curiosidad por el conocimiento y momentos de distensión con dosis de humor. Esta búsqueda del balance y el equilibrio permanente nos urge a ampliar nuestro repertorio de nuevas estrategias y recursos, brindando oportunidades de aprendizaje alineadas a los nuevos conocimientos del cerebro.
Hasta la próxima