
Faltan cinco para las 8 de la tarde
El día empieza a esconderse
Las calles han estado desoladas
Un vacío fúnebre cubre las vías
Procedemos a abrir las ventanas,
los balcones y mirarnos las caras.
Se oye el deslizar de las persianas
Y sale la gente en cuarentena
Y sin nadie avisar, de repente,
Un gran coro majestuoso de palmas.
Un grave ruido levanta el viento
Son los aplausos de agradecimientos

Nos aplaudimos a nosotros mismos.
A los héroes detrás de la pandemia
Médicos, enfermeros y pacientes.
Y aquellos en el frente de batalla
Y sobre todo a los que se han ido.
La mayoría adultos, abuelos.
Ni despedirse de sus nietos pudieron
A ellos mis manos golpean el viento
Un aplauso donde aplaudimos todos
No puede una mano quedar afuera
Estos son los aplausos más merecidos
Que mis manos y alma jamás dieron
El aplauso hizo nacer el sonido
Y este acabo con el silencio
La piel se eriza transpira de nuevo
El cuerpo respira vida con miedo
No imaginaba que nuestras manos
Podían generar tanto estallido
Cuando son dirigidas por corazones
Y la sinergia de la gente buena

Estos aplausos que despiertan neuronas
Y cada quien dentro de su sentido
Alerta sus recuerdos y memorias
El olor de vida y la conciencia
Qué bueno sería que estos aplausos
No murieran y que llegue el momento
Que los políticos serios se lo ganen.
Siempre que hagan las cosas muy buenas
Continuaremos colgando aplausos
Hasta que la pandemia nos deje en paz.
Aplauso es poesía y ella
Aunque estemos muertos nos recuerda
En esta Madrid, hoy, hay mucho llanto
No hay urnas, los cuerpos los incineran.
Y las coronas desaparecieron
el corona virus que llego de lejos
Dios cuide a Madrid y la plaga se aleje