En nuestro cerebro habita el cerebro reptil, un casi intruso que controla mucho de nuestras acciones y nos maneja desde las sombras desde hace millones de años. Esta insertado con unas instrucciones rudimentarias las cuales son muy difíciles de formatear, lograr reducir su influencia es básico para dar el salto hacia lo humano y ser más civilizados.
Somos y estamos como estamos en mucho porque la mayoría de nosotros funcionamos mucho con este cerebro cerrando el paso a la posibilidad de colaboración aislándonos y viviendo en soledad sin sueños.
Los medios de comunicación en global son expertos manejando este cerebro. A través de sus mensajes de prensa escrito o televisivo nos van a doctrinando, enseñándonos a vivir aterrorizados, con miedo siguiendo un patrón estipulado. Lo material y sexual toma papel protagónico y lo interior la espiritualidad y paz interior pasan a plano secundario. La repetición y la satisfacción del cerebro reptil nos van condicionado a hábitos que nos llevan a malos horizontes. No aprendemos a ir más allá de donde estamos. Hay una falsa realidad que oscurece la realidad nuestra y el sentido común es el menos común de los sentidos. Nacemos para ser libres pero estamos esclavizados. Si aprendemos a soñar quizás podamos quitarnos las cadenas que nos tienen estático viendo cómo pasan los años. Hay que dar una patada a la lámpara y agarrar nuestra propia linterna, empezar a ver en la ausencia de la luz. Esa luz que es el vehículo que transporta las palabras y su significado