De regreso a mi país, después de una prolongada ausencia, fui testigo de vivencia de muchas experiencias que dejaron huellas en mis recuerdos. Es difícil encajar en un lugar del cual has estado ausente por un tiempo significativo. Todo parece haber cambiado para uno. Sin embargo, para quien se ha quedado pareciera que nada ha cambiado, que se sigue viviendo en una larga siesta y en un modo de piloto automático lleno de rutinas y rituales. Un espacio en el que pareces que fueras un extraño, que no encajas aunque lo quieres hacer. Un ambiente con un ruido y un colorido diferente. Una algarabía que despierta los sentidos, pero sin las alegrías y las satisfacciones que la mayoría busca.

Es difícil de explicar como la sociedad va cambiando, como las personas van olvidando y acostumbrándose a lo que hay que hacer en el día a día. Un patrón de vida, un cronograma de tareas que se repiten, donde los hábitos se convierten en la clave de nuestra supervivencia.
Lamentablemente, en este mar de rutinas, olvidamos a aquellos amigos que ya no están físicamente con nosotros. Nos cerramos a la posibilidad de reencontrarnos, de compartir como antes, mientras nos abruman celos, recuerdos distorsionados y una melancólica tristeza que se cierne sobre nuestras emociones, imposibilitando el disfrute del presente.
No pude experimentar la riqueza de mi país como había soñado, no logré sentirme como anhelaba antes de emprender el viaje. Los planes grandiosos que había tejido — jugar al golf, visitar lugares emblemáticos, brindar con amigos — se desvanecieron, arrastrados por torrenciales lluvias que venían a determinar mis días, y por la transformación social que la pandemia dejó en su estela. En ese lapso, perdí a varios amigos, compañeros de golf, de vida, y el entorno se tornó agitado, lleno de carencias y desafíos.
Así aprendí a entender por qué los pocos amigos que me quedan ya no son quienes solían ser. Cada uno lidia con sus propias historias, mientras mis días se tornan ajenos a su cotidianidad. Uno de ellos, con un lenguaje casi mudo y un whisky doble en la mano, me dijo: \»Tú te regresas, pero nosotros seguimos acá, remando en estas aguas turbulentas.\»
Así comprendí que cada uno enfrenta sus sombras; más allá de las sombras, hay un miedo a saltar la cerca que ahora se ha vuelto invisible, a menudo inalcanzable, plantada en nuestro subconsciente.
Qué triste es que este desastre nacional nos sorprendió cuando ya éramos adultos, cuando la plenitud de la vida parecía tan cerca.
Mi deseo era simple: quería regresar, aunque solo por unos meses, a compartir en mi hogar, en mi ciudad oriental, pero estar en un lugar sin ser parte del engranaje no es vivir, no es ser feliz.
Aprendí que podía pasar horas revisando mis cosas, mis colecciones, mis recuerdos — cuadros, libros, poemas, escritos que narran la vida, deportes, títulos, trofeos, souvenirs de los más de 35 países que he recorrido, cada objeto resonando con la memoria de una historia que solo yo y mis circunstancias podemos comprender. Ese olor a historia, a nostalgia, a vida, la música que me transporta a los 70 y 80, los ecos de voces lejanas, las siluetas de objetos perdidos, todo me conecta con la esencia de lo que fui y soy.
Una casa grande que ya no es lo que fue, repleta de cosas que parecían innecesarias, pero que fueron parte de mi formación y madurez. He aprendido a vivir en espacios más reducidos, con lo justo, con lo significativo, a vivir por mí mismo, no para complacer a los demás. He aprendido a sacrificar el lujo por la comodidad, y el encierro por la libertad.
Esta experiencia de regresar ha sido un viaje a través de lo que queda de mi país, una mezcla de emociones, una lección de fortaleza y flexibilidad. Espero que mis amigos y mi pueblo, cuando encuentren serenidad, puedan entenderme como yo deseo ser comprendido. Y no se trata de política ni de visiones opuestas, sino de simple vida, de estar donde cada uno quiere estar.
Agradezco a esos tres cerebros que me han guiado en la aceptación de esta nueva realidad, una que, aunque pinten de acuarela, yo sigo viendo tal cual es.
Frases de hoy:
“Solo hay una pequeña parte del universo de la que sabrás con certeza que puede ser mejorada, y esa parte eres tú.” – Aldous Huxley
“Un hombre viaja por el mundo buscando lo que necesita y regresa a casa para encontrarlo.” – George Moore