Buen día a todos Uds. que tienen la amabilidad de aterrizar en este blog esperando encontrar un poquito de sentido e ilusión a las palabras y al curso de la vida.
La sentencia de Descartes \»Pienso y luego existo\» fue enunciada para un contexto muy diferente al nuestro. En la época de Descartes teníamos a otro filósofo y sabio Griego, Aristóteles, quien creía que pensábamos con el corazón y que el cerebro era el radiador que teníamos para enfriar al corazón. Enunciados que han sido desnudados a través de los recientes descubrimientos de las neurociencias

Todo estímulo que ingresa al cerebro pasa primero por la estructura del cerebro límbico, donde se carga emocionalmente antes de llegar a la neocorteza, el área racional y consciente.
A lo largo del día, generamos más de 60,000 pensamientos. Por lo tanto, estamos constantemente pensando y existiendo. Sin embargo, investigaciones muestran que muchos de esos pensamientos no se materializan; es decir, no logran pasar a la neo corteza, ya que son filtrados antes de llegar a ella. Solo aproximadamente un 10% de ellos consigue alcanzar el cerebro racional. Esto se debe a un filtro de información conocido como el Sistema de Activación Reticular (SAR), que permite el paso únicamente de aquella información que cada individuo considera prioritaria. De otro modo, nos volveríamos locos tratando de procesar toda la información que nos llega del mundo, tanto exterior como interior.
Por tanto, cuando pensamos y esos pensamientos no se cristalizan, sentimos que estamos muertos o en un estado de pausa. ¿Qué diría Descartes si leyera a Antonio Damasio, uno de mis neurocientíficos favoritos? Damasio señala que \»la emoción precede al pensamiento\»; primero sentimos y, desde el cerebro límbico, el mensaje se transmite a la neo corteza. Allí, esa sensación se convierte en un pensamiento, basado en nuestra base de datos y mapas mentales acumulados a lo largo del tiempo.
Por eso insisto en que debemos aplicar e internalizar la frase \»Siento, luego existo\». Si sentimos algo, es probable que creamos en ello, y estas dos etapas nos llevan a encontrar las mejores respuestas a nuestras preguntas e incertidumbres. Como decía un poeta: \»Si lo sientes, crees, lo visualizas y trabajas para alcanzarlo, hasta el universo terminará siendo cómplice de tu logro\».
La frase cartesiana ha causado daño porque nos hemos acostumbrado a pensar y pensar, utilizando demasiado tiempo y energía en el proceso. A nuestros cerebros no les agrada el alto consumo energético; están constantemente buscando formas de ahorrar energía.
Además, hemos tendido a pensar de manera literal y generalizada, utilizando el pensamiento crítico. Si bien reflexionamos sobre muchos temas y extraemos conclusiones, este modelo de pensamiento no es el más adecuado para nuestro tiempo. No empleamos el pensamiento lateral, convergente o divergente, sino que nos quedamos atrapados en un enfoque de causa y efecto, que posee múltiples limitaciones, especialmente en el ámbito de las relaciones humanas.
Después de este agotador proceso de pensar, a menudo nos encontramos cansados y sin energía para actuar. Creo que somos grandes pensadores, pero pobres ejecutores y adeptos a la procrastinación. Es fundamental que el pensar se una al actuar; de lo contrario, el proceso racional no se complementa adecuadamente.
Vivamos la vida sin pensarla tanto y enfoquémonos en experimentarla, sintiéndola y viviéndola plenamente.
Frase del día: Jean-Jacques Rousseau: \»Siento, luego existo\».