El perfil emocional de tu cerebro.

Este post, tomado del blog SENDAEMOCIONAL me parece demasiado importante y quiero compartirlo. Estos dos últimos años nos hemos arropado de tantas emociones encontradas y en estas letras creo que podemos encontrar cierto confort para salirnos de esa zona cómoda en la que andamos. Esforcemos por ser alegres, endorfinemosnos, y dejemos a la tristeza debajo de la cama durmiendo para siempre

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EL PERFIL EMOCIONAL DE TU CEREBRO.  

Generalmente, cuando hablamos de tristeza, solemos hacerlo estableciendo una comparación con aquella que consideramos su antagónica: la alegría. Creemos a pies juntillas que es lo mismo no estar alegre de que estar triste y viceversa, cuando en realidad ambas situaciones no son para nada equiparables ni equidistantes.

La alegría genera en la persona predisposición hacia la acción, nos llena de energía con la cual poder encarar las diversas situaciones que tengan a bien ir presentándonos en nuestro día a día, predisponiéndonos positivamente a imaginar un futuro favorable a nuestros intereses.

La alegría es por tanto emprendimiento, es intentar por el simple placer de descubrir lo que sucede. Esto nos lleva a pensar que la tristeza provocará justo lo contrario. Cierto que cuando estamos tristes nos sentimos como si nos faltaran las fuerzas, nada parece interesarnos excepto nuestro dolor, por lo que preferimos permanecer quietos y apáticos, con la esperanza quizás, de que la tempestad tarde o temprano pase. Y he aquí el quid de la cuestión. Y es que mientras en la tristeza lo que hacemos es acumular fuerzas convencidos de la existencia de un mañana mejor, en ausencia de la alegría, estamos convencidos de que no existe un mañana, siendo en realidad la ausencia de alegría, y no la tristeza, la enemiga de la perseverancia.

Sin alegría no existe posibilidad de continuidad. No hay futuro, y en caso de haberlo, la previsión de que este sea feliz es una quimera absoluta.

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En realidad tristeza y alegría no conforman los polos opuestos de una probabilidad existencial. La tristeza duele, puede resultar molesta e incluso desesperante, pero mucho peor es la ausencia de alegría. Saberse desprovisto de alegría significa carecer del mínimo ánimo para poder encarar el después. La ausencia de alegría nos desarma haciéndonos creer que nada tiene sentido, que no vale la pena tanto sufrir, y en vez de detenernos y hacernos recapacitar en busca de ventanas nuevas a las que asomarnos como hace la tristeza, la ausencia de alegría simplemente nos obliga a apartarnos de la ventana: “para que mirar si no hay nada que ver”.

Resulta imposible perseguir una meta sin alegría. Enfocar la mira en el futuro necesita imperiosamente del convencimiento absoluto de que todo saldrá bien porque además de ser capaces, contamos con las fuerzas necesarias para lograrlo. Aunque al final se demuestre que nuestra presunción era equivocada, siempre habrá una diferencia entre el momento de iniciar la persecución de la meta y el momento último, con independencia que este sea exitoso o un tremendo fracaso.

Tras el intento siempre habrá habido movimiento. Y es que a diferencia de la tristeza, sin alegría no es un alto para coger fuerzas lo que estamos haciendo, no se trata de un descanso, para más tarde continuar pertrechados con el conocimiento que la experiencia dolorosa nos proveyó. No. La falta de alegría es un socavón tan oscuro y estrecho, que nos hace sentir no solo atrapados, sino que faltos de fuerzas como nos sentimos, acabamos convencidos que es el final, que nunca lograremos salir de él.

Si la principal característica de la depresión es la creencia de ser incapaces de experimentar placer, la ausencia de alegría va más allá al eliminar el placer mismo de la ecuación. Y es que mientras la tristeza nos lleva a mirar para dentro, a lamernos las heridas que el fracaso comportó, la ausencia de alegría nos obliga a cerrar los ojos y a no mirar nunca más. Y ya lo dice el refrán: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, o lo que es lo mismo, no existe tristeza mayor que la ausencia de alegría.

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De todas maneras, ni la ausencia de alegría acaba siendo definitiva. Cuando la alegría parezca haberte abandonado, Recuerda que nuestro cerebro no es ni inmutable ni estático, sino que es la vida que llevamos quien lo remodela constantemente.

Davidson, Richard J. & Begley, Sharon. El perfil emocional de tu cerebro: Claves para modificar nuestras actitudes y reacciones. Grupo Planeta. 2012

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