¿Se está teniendo en cuenta la educación emocional como una actividad aislada en las escuelas? o ¿Cómo el desarrollo emocional del alumnado en pro del desempeño de capacidades y habilidades, apoyadas en la Teoría del Cerebro Triuno?
Daniel Goleman (95), presenta la inteligencia emocional, IE, la capacidad del ser humano para conocer sus propias emociones y la de los otros, ante ciertas situaciones ser capaz de razonar y escuchar a los demás manteniendo la tranquilidad y el optimismo.
Por otro lado, según Mayer y Salovey (2008), “la IE incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y, o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual”. Incluyendo en su modelo cuatro grandes componentes:
percepción y expresión emocional (reconocer de forma consciente nuestras emociones e
identificar qué sentimos y ser capaces de darle una etiqueta verbal); facilitación emocional (capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento); comprensión emocional (integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y saber considerar la complejidad de los cambios emocionales); y por último, regulación emocional (dirigir y manejar las emociones positivas como negativas de forma eficaz).
Bar-On (1997) desde una visión multifactorial propone la inteligencia emocional como
las múltiples capacidades, competencias y habilidades emocionales, las cuales modulan la Integración de la Teoría del Cerebro Triuno en las aulas. 4 capacidad individual del ser para tener éxito ante las dificultades y exigencias del entorno en el que se desarrolla. Bar-On (1997), los componentes de la IE se pueden desglosar en las siguientes variables: componentes intrapersonales (en los que se explora el auto concepto, la asertividad, la independencia y auto actualización); componentes interpersonales (evaluando la empatía, responsabilidad social y relaciones interpersonales); componentes de adaptabilidad (prueba de realidad, flexibilidad, resolución de problemas); componentes de manejo de estrés (tolerancia, control de impulsos) y por último, componentes
de estado de ánimo y motivación (optimismo y felicidad).
Las autoras Beauport, E. y Díaz, A. (2008), definen la inteligencia emocional como “cuán profundamente nos permitiremos a nosotros mismos ser afectados, cuán ricas, diversas y apropiadas serán nuestras respuestas anímicas y cuán exitosamente podremos nosotros movernos a través de la vida motivados por esa vida”. Además, realizan un desglose de la inteligencia emocional en: inteligencia afectiva, motivacional y de los estados de ánimo; consideran que “la inteligencia motivacional implica estar conscientes de lo que queremos y, a la vez, desear y estar motivado para satisfacer por lo menos en algún nivel aquello que estamos queriendo”.
Mayer, Salovey y Berrocal no presentan la visión global de la perspectiva defendida en la Teoría del Cerebro Triuno. Goleman, D. (1995) decía “imagino un futuro en el que la educación incluirá como rutina el inculcar aptitudes esencialmente humanas como la conciencia de la propia persona, el autodominio y la empatía, el arte de escuchar, resolver conflictos y cooperar”. Sin embargo, Bar-On se acerca un poco más y Beauport y Ana Sofía Díaz lo explicita más concretamente en su libro Las tres caras de la mente, en evidenciando la importancia de hacer más énfasis en potenciar los tres cerebros.

El Cerebro Triuno útil para explicar fundamentos
La teoría del cerebro triuno, propuesta por Paul MacLean en la década de 1960, En primer lugar, esta teoría identifica tres sub estructuras bien definidas que corresponden a diferentes etapas