¿Comerte un dulce o hacer tu dieta?
Cuando tu mente está preocupada, cuando tu cuerpo esta más estresado, es cuando tus impulsos van a guiar aún más tus elecciones y, estos van en contra de los objetivos que te propones a largo plazo. Esta es la eterna pelea entre la razón y los instintos. El cerebro límbico y el reptil contra el cerebro de la razón, la neo corteza. Introducir un cambio para controlar esas acciones impulsivas que te llevan a crear malos hábitos. Tú puedes decidir que vas a ir al gimnasio en vez de quedarte durmiendo en la cama, tú puedes decidir que vas a realizar una tarea y dejar de prestar atención a tú cerebros primitivos que quieren conducirte hacia donde ellos se sienten más confortables, más tranquilos y donde no estén en peligro. Quieren llevarte a tu rutina diaria, a tu día a día, a construir tus mismos mapas cerebrales permitiendo que millones de neuronas mueran y tú no puedas agregar millones de neuronas nuevas. Pero te vas a sentir como un reptil, tomando sol en la arena, feliz porque estás consumiendo el mínimo de energía y porque estás haciendo las mismas cosas de manera inconsciente y automáticas.

Tú puedes cambiar esta tendencia si te lo propones. Primero entiende cuál es la situación y luego debes poner toda tu conciencia en revertir esta acción y lo que requieres es una palabra \»VOLUNTAD\», mucha fuerza de voluntad para iniciar ese cambio decisivo que te llevara a hacer lo que a ti te gusta y a manejar o controlar de alguna manera a tus dos cerebros más primitivos.
La ciencia ha descubierto que tu voluntad no es solo dominio de la psicología, sino también de la fisiología. Se trata de un estado temporario de tu cuerpo y mente que te da la fuerza y la calma para anular o hacer caso omiso a tus impulsos. Cada vez sabemos más sobre este estado y cómo el mundo actual interfiere con él.
Imaginemos el siguiente escenario: estás caminado por la calle y pasas frente a una panadería que ofrece en su vidriera unos dulces de leche. Antes de que te digas a ti mismo, mientras te tocas la barriga, “Me estoy cuidando”, tus pies ya se dirigen hacia la puerta del negocio. Tu mano acciona la puerta y empiezas a oler las aromas del dulce recién salidas del horno. Empiezas a salivar cuando ya estás adentro. Estás sintiendo la “promesa de la recompensa”, sistema del cerebro que te hace actuar de manera casi automática. La dopamina, liberada por este sistema, ya inundó las áreas del cerebro que controlan tu atención, motivación y acción. Los neurotransmisores te dicen: “Compra AHORA MISMO, esos dulces de leche, es una cuestión de vida o muerte”.

Mientras todo esto sucede, cae tu nivel de azúcar en sangre. Es decir, apenas tu cerebro anticipa el primer mordisco al dulce leche, libera un neuroquímico que le indica al resto del cuerpo absorber toda la energía —azúcar— que esté circulando en la sangre. La lógica es la siguiente: como voy a comer el dulce que es superrico en azúcar y grasas, esto va a producir un pico de azúcar en sangre. Para prevenir un desagradable coma por azúcar y la rara muerte por comer dulce de leche, tengo que bajar el nivel de azúcar que circula en este momento. Pero este descenso del azúcar te deja un poco débil y raro, haciendo que esas ansias por el dulce aumenten aún más. Es decir, si fuese un concurso entre tus ganas y haciendo dieta versus el dulce de leche, este último tiene todas las de ganar. Salvo que tengas voluntad.
Voluntad es la habilidad de hacer lo que realmente importa, aún en momentos difíciles. Y ese escenario donde el dulce de leche está incrustado en tu paladar no es lo importante. Tú tienes otros objetivos, como salud, bienestar y seguir usando el mismo la misma talla de pantalón la semana que viene.
El dulce amenaza tus objetivos a largo plazo. Necesitas voluntad. Un plan que encienda un set coordinado de cambios en el cerebro y cuerpo que ayuden a resistir la tentación.
La doctora Suzanne Segerstrom, de la Universidad de Kentucky, lo llama “respuesta de la pausa y el plan”. ¿Debes poner pausa cuando te invadan, por los motivos que sean, las emociones negativas? Acá tienes que hacer lo mismo: aléjate de la vidriera de la panadería, respira profundo y con la espalda derecha. Vas a poder hacerlo si logras percibir rápidamente que existe un conflicto interno (me quiero cuidar) ante una amenaza externa (dulce de leche). Parece que quieres hacer solo una cosa —comer el dulce, salir a fumar, tomar alcohol— pero sabes que no deberías.
También ocurre al revés, sabes que deberías hacer algo —pagar los impuestos, ir al gimnasio, terminar el proyecto, pero prefieres no hacerlo.
Este es el conflicto interno en el cual tus instintos o hábitos te están llevando hacia una potencial mala decisión. Tienes entonces que protegerte de ti mismo. De esto se trata utilizar la voluntad para tener cierto autocontrol. Y es la percepción del conflicto interno la que debe disparar cambios en el cerebro y luego en el cuerpo para bajar un cambio: primero pausa —no apurarse— y luego controlar tus impulsos y planifica lo que vas a hacer.
Buen viaje en tu carácter y en tu voluntad para decir no a los malos hábitos y decir que si a lo que te llena de salud y alegría
