Por que nos cuesta cambiar. Zona de confort, el cerebro reptil

Nos extrañamos de porque es tan difícil cambiar el comportamiento humano

\"\"

No hay cambios en muchas cosas que andan mal porque no hemos considerados los factores de repetición y actuar de nuevo alojados dentro del cerebro reptil. Recordemos que el cerebro reptil busca es la sobre vivencia ante todo, evitar el dolor y en tal sentido lograr el menor consumo de energía. Este cerebro de origen cavernicola es muy básico, no le gustan las complicaciones, se asusta cuando le cambian las rutinas o lo sacan de la zona de confort.

Repetimos las cosas sin darnos cuenta. Nos habituamos, nos volvemos adictos, no solo al alcohol y las drogas sino a nuestra manera de vivir, a nuestra manera de ser. Nos hace sentir bien así aunque sea una manera triste de vivir, como cuando sentimos hambre, hay pobreza, prisión o muchas otras formas sutiles de sufrimiento. Repetimos el comportamiento.

Todo esfuerzo por hacernos cambiar es ciertamente recibido por nuestra neocorteza: pensamos en cambiar y también queremos cambiar (límbico). Ciertamente tratamos y tenemos éxito tal vez una o dos veces. Entonces sin que lo notemos, retomamos al mismo comportamiento, Cualquiera que ha tratado de hacer dieta reconocerá este retroceso a la manera de antes. Pero que es la zona de confort, esa zona en la que tu cerebro reptil habita, manipulandote y haciendo caer en sus redes

Hacer dieta, hacer ejercicio, dejar una relación tóxica, comenzar un negocio: éstas son algunas de las muchas cosas que muchas personas comúnmente queremos lograr, pero muchas veces no lo pasmos a la acción, a la vida.

Evitamos estas cosas porque de una forma u otra, todas implican diferentes tipos de dolor. Si quieres perder peso, debe afrontar el dolor de privarte de alimentos que te gustan. Si quieres dejar una relación, debes asumir el vacío que deja esta persona. Si deseas comenzar un nuevo negocio, debes afrontar la posibilidad de que no tenga éxito.

Esto no importaría demasiado si evitáramos estas cosas una o dos veces al año. Pero para la mayoría de nosotros, el evitar se convierte en una forma de vida. Nos encerramos detrás de una barrera invisible y no nos aventuramos a salir porque más allá de ese muro hay dolor.

Otras veces, lo que nos mantiene en la zona de confort es el miedo. La zona de confort puede estar hecha de mucho dolor, como quedarnos en una relación tóxica o aceptar que las demás personas nos ignoren. Esto es, salir de ella supondría reducir el dolor, pero muchas veces no hay conciencia de vivir en esta zona y salir de ella produce demasiado miedo e incomodidad. Si yo llevo toda una vida acostumbrada a que las demás personas me traten mal, para mí es mi mundo, lo conocido. Salir de ahí y empezar a permitirme que los demás me traten bien supone estar en un lugar muy extraño y muy incómodo al principio.

\"\"

La zona de confort está compuesta de aquello a lo que estamos acostumbradas, no porque sea cómodo, haciendo honor al nombre, sino porque es lo que conocemos.

La zona de confort está compuesta de aquello a lo que estamos acostumbradas, no porque sea cómodo, haciendo honor al nombre, sino porque es lo que conocemos.

En los casos más extremos, las personas realmente se esconden detrás de las paredes de su hogar, se aíslan. Pero para la mayoría de nosotros, la zona de confort no es un espacio físico, es una forma de vida que evita cualquier evento que pueda ser doloroso o que nos dé miedo.

Para hacer de esto algo más personal, prueba este ejercicio: cierra los ojos y piensa en algo que evitas de manera crónica: ya sea conocer nuevas personas, fumar o beber menos o tener una conversación difícil con tu jefe o una amiga. ¿Cómo organizas tu vida para evitar hacerlo? Imagina que el patrón de evasión es en realidad un lugar donde te escondes. Ésa es tu zona de confort. ¿Cómo se siente?

\"\"

La Zona de Confort: Un lugar familiar y «seguro»

Lo más probable es que lo sientas como un lugar familiar y seguro, pero no tiene porqué ser seguro en realidad. Más bien lo contrario si has crecido en una familia disfuncional. Es un lugar que te parece seguro porque es lo conocido, pero si en él estás sufriendo maltrato o abuso, no es seguro.

Familiar lo es siempre, ya que eso es lo que nos lleva a convertirlo en la zona de confort. Lo primero que conocemos al llegar al mundo es nuestra familia de origen, con la que se dan una serie de interacciones y dinámicas que integramos y con las que nos decimos de forma inconsciente: “Esto es el mundo y éste soy yo”. Todo esto lo arrastramos hasta la edad adulta, gravitando de forma energética hacia personas y relaciones que se parecen mucho a las de nuestra infancia. Esto, a la larga, es lo que convertimos en nuestra zona de confort. Sea lo que sea lo que nos ha ocurrido, lo normalizaremos y haremos de ello “el hogar”, “mi casa”.

Cualquiera que sea tu zona de confort, estás pagando un precio enorme por ella. La vida ofrece posibilidades increíbles, pero no puedes aprovecharlas sin afrontar el dolor y/o el miedo.

Hay muchos ejemplos de esto: Si eres tímida y evitas a las personas, pierdes la vitalidad que conlleva un sentido de comunidad. Si eres creativo pero no puedes tolerar las críticas, nunca llegarás a personas que puedan apreciar (y financiar) tu trabajo. Si eres una líder y no puedes establecer límites con las personas, nadie te seguirá. Si te dices “Esto es lo que me ha tocado vivir y ya está” te estás negando a ti misma una infinidad de posibilidades que están a tu alcance.

Al permanecer en la zona de confort, terminas renunciando a tener una calidad de vida, relaciones satisfactorias y a desarrollar todo tu potencial. Al permanecer en la zona de confort, terminas renunciando a tener una calidad de vida, relaciones satisfactorias y a desarrollar todo tu potencial.

En un próximo blog te indicaremos algunas recomendaciones para controlar la ansiedad y el miedo del cerebro reptil para que puedas salir de tu zona de confort y empezar a construir tus propios caminos de conciencia y de bienestar

Compartir:

Sobre el autor

Te podría interesar

Publicaciones relacionadas