La verdadera felicidad es el presente

En estos momentos dificiles que estamos atravesando todos es importante que mantengamos la Fe, la esperanza, el animo y sobre todo el buen humor. En tiempos de crisis busquemos alimentar el espiritu con cosas buenas. No nos dejemos doblejar por el miedo y la ansiedad ni la incertidumbre. Creamos en el todopoderoso creador de nuestras vidas quien nos cuida y nos protege y a vivir en honor a sus escritos. Seamos buenas personas y ayudemos a los necesitados para que el mundo vaya para mejor. Esta situacion es un aviso, es un mensaje, es una reflexion a que no solo podemos seguir viviendo con el cerbro de la razon, de la causa y del efecto. Destruyendo todo y siendo individualista y no teniendo compasion, amor, respeto y sobre todo amor a la vida, al projimo y a nuestra naturaleza. Dios nos habla a través de mensajes y esperemos que nuestros cerebros limbicos y reptil empiecen a ser usados de la mejor manera y asi vamos a inundar al mundo de cosas buenas . Esto pasara pero dejara las huellas en nuestras vidas. Vamos a aprender de lo aprendido . Cuidenese en donde quiera que esten

El presente es la verdadera felicidad. Por mucho que el cine, las novelas y algún que otro listo intente convencernos de que podemos encontrar la felicidad en la esperanza, dícese el futuro, o en la nostalgia, que si no es el pasado se le parece bastante, no es sino el aquí y ahora el que realmente nos la da.

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Cierto que podemos tener instantes de felicidad pensando en aquello que fue: aquella novia, aquel momento divertido con los amigos, un día cualquiera viendo cocinar a mi madre, pero no es el recuerdo lo que nos hace felices, sino el momento, ese instante en que nos paramos y nos ponemos a recordar o, en el caso de que imaginemos situaciones por llegar, a imaginar. No es el recuerdo o la expectativa sino el instante en el que recuperamos un recuerdo o creamos una posibilidad halagüeña en el mañana. Es cuando hacemos presentes el pasado o el futuro que llega la felicidad. Ni antes, ni mucho menos después.

El presente, ese mismo que casi siempre se nos escapa entre los dedos sin apenas llegar a apercibirnos de que ha estado a nuestro lado. El presente, el mismo al que solemos olvidar invitar. El eterno postergado a la fila de atrás. Y es que, contrariamente a lo que cantaban los Sex Pixtols, no es el «No future» el problema, sino el «No present». Estamos tan empeñados en mirar hacia atrás o hacia delante, que olvidamos mirar al ahora mismo y así resulta imposible disfrutar del momento. De nada vale imaginar cómo será o recordar cómo fue, si somos incapaces de aprovechar el cómo es en este preciso instante. Si, ese mismo instante que raudo, se nos ha vuelto a escapar recordándonos lo difícil que resulta poderlo atrapar.

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Quizás el secreto de la felicidad esté en ser capaz de atesorar momentos. Digo atesorar no con el sentido de guardarlos, de retenerlos, sino de disfrutarlos, de aceptarlos, incluso de padecerlos. Porque el presente suele tener esa condición: la de su imprevisibilidad. Posiblemente esa sea la razón por la que muchos prefieren dejarlo escapar y recordar, girar la vista e imaginar.

No nos gustan nada los imprevistos. Sobre todo si llegan, como el presente, sin avisar. Preferimos la seguridad de lo conocido. Cualquier cosa antes de jugar a la lotería del presente, la cual como en las buenas tómbolas de antaño, siempre acaba tocando, aunque lo que toque no siempre sea de nuestro agrado.

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Meditar es centrarnos en el aquí y ahora. En esa determinada sensación qué, de no habernos detenido a sentirla, hubiese pasado de largo. En ese pensamiento, que escondido entre la multitud, seguramente no se habría materializado. Y no es que sean importantes. Ni tampoco imprescindibles. Generalmente se trata de sensaciones intrascendentes (de lo contrario nuestras alertas emocionales se hubiesen activado, para ipso facto centrarnos en el aquí y ahora), pero a la larga, según vamos sumando instantes presentes, es cuando nuestra vida se decanta hacia la luz o hacia la oscuridad, la tristeza o la ira.

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