En la reunion semanal de mi asociacion 3L revisamos a traves de un charla magistral denuestro miemro Ramon del concepto conocido como el \»Sindrome de Hubris\». He recopilado informacion referente a este tema y lo comparto con la audiencia para entender un poco este trastorno conductual que esta muy vivo y latente en nuestras sociedades. El poder por si solo quizas sea tanto la causa de este trastorno. Sin embargo, elpoder, acompañado de exito y de la ausencia de controles y de rendicion de cuentas convierten al mas humano en heroe imaginario. A esto se une el numero de seguidores incondicional que tienen muchos lideres, el rendirle pleistecia y el de apoyar las descionesque ellos toman a sabiendas que estan totalmente erradas. Creo que alli es donde radica el cultivo para el Sindrome de Hubris. La sociedad ayuda a crear los hubristas al no tener democracias solidas, organizaciones en donde haya independenci de poderes.
\»El Estado soy yo\» (L\’Etat c\’est moi) es el lema del más puro absolutismo acuñado probablemente por el rey de Francia, Luis XIV, quien se caracterizó por la concentración de todo el poder en él mismo.
Nadie duda de que los gobernantes tienen un alto grado de estrés y a lo largo de la historia esto les ha pasado factura a muchos. Sin embargo, más allá de las enfermedades físicas derivadas del estrés, estos políticos también sufren severas enfermedades psíquicas y de personalidad a tal grado que han sido documentadas por el neurocientífico David Owen, exmiembro de la Cámara de Los Comunes de Inglaterra, en su libro \»El Poder y la enfermedad\». Él llamó a estos síntomas el Síndrome de Hubris (del griego antiguo \»hybris\»: ‘insolencia o desmesura’); y en la civilización griega aludía a la falta de control sobre los propios impulsos, en las personas que ostentaban el poder, mostrando superioridad y soberbia. Owen observó cómo el poder perturbaba, incluso al más cuerdo de sus colegas. Estos políticos eran generalmente personas inteligentes y muy capaces; pero que se desviaban de sus objetivos, confundiendo el liderazgo con la prepotencia, lo cual los llevaba a tomar decisiones irresponsables. No toleraban la crítica y todo aquel que la expresaba era considerado enemigo.
Los subordinados, igualmente entraban en ese mundo paralelo, donde solo el gobernante tiene la razón; completándose un círculo vicioso que distorsiona la realidad social. Según muchos investigadores, es difícil detener la tendencia del poder a afectar el cerebro. Por ello \»el que manda debe ser tolerante y oír, aunque sean las más duras verdades. Aceptarlas y aprender de ellas\». De todos tenemos algo que aprender. En mi época de estudiante, como médico residente, había un cirujano muy malo. Nadie le gustaba asistirlo porque decían que no tenía nada que enseñar. Yo, frecuentemente lo apoyaba y aprendí mucho. Incluso a detectar y evitar los errores que él cometía. Me di cuenta entonces, de que todos, sin excepción, tienen algo que enseñarnos.
Como pueblo esperamos que nuestros gobernantes no sufran de este mal y sobre todo que estén a la altura de su cargo, ya que inherente a este cargo público existen deberes, responsabilidades y obligaciones éticas, morales, incluso, de buena conducta que no se pueden traspasar por la alta investidura que se posee. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad es una frase acuñada en un guion de película.
En la mayoría de los países del mundo y, particularmente en Latinoamérica; desde México hasta la Patagonia, sus dirigentes están siendo investigados, o están en la cárcel o en el exilio. Esto es una clara muestra que el poder daña la percepción y la conducta de las personas.
El médico que se cree omnipotente. El maestro que se considera un Sabio. El motorista que cuando sube a su vehículo no respeta ninguna ley ni norma en la carretera. Sí, el Síndrome de Hubris le puede ocurrir a los más capaces. A los que tienen excelencia académica. A personas buenas e incluso a los que son humildes. Debemos de estar atentos. Todos, sin excepción, podemos ser presas de ese monstruo llamado PODER el cual es casi imposible de controlar cuando no se emplea la razón, la cordura ni la calma. Finalmente reflexionemos sobre este antiguo proverbio: una vez terminado el juego de ajedrez, el rey y el peón ¡vuelven a la misma caja!
Parte de esta entrada ha sido escrita Por José Zanoni Yada 8 de Mayo de 2019